Moncloa cierra filas con el Rey: reconocer el abuso no es rendición
La Casa Real, el Gobierno y la derecha discuten el peso de la historia en voz alta

Redacción · Más España


La voz del Rey, pronunciada fuera de agenda oficial en una visita privada a la exposición 'La mitad del mundo. La mujer en el México indígena', ha producido un efecto inmediato: Moncloa suscribe "al 100%" la reflexión de Felipe VI en la que admitió que "hubo mucho abuso" durante el proceso de colonización de América. No hay ambigüedad en el respaldo oficial; hay, más bien, una voluntad de colocar el reconocimiento de hechos en el mapa del discurso público.
Zarzuela informó previamente al Gobierno de que el Monarca realizaría esas manifestaciones y difundió las palabras del propio Felipe VI, que enlazan con la posición expresada ya por el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, en octubre de 2025. En aquella ocasión Albares dijo que hubo "dolor e injusticia hacia los pueblos originarios" durante la conquista de México y reclamó reconocer y lamentar esa parte de la historia compartida. No es, por tanto, una intuición aislada del Monarca, sino una línea que encuentra eco en la diplomacia oficial.
Felipe VI matizó su reflexión recordando disposiciones jurídicas como las leyes de Indias y los intentos de protección, pero no eludió el diagnóstico: "hay mucho, mucho abuso". Es una frase corta y dolorosa que obliga a mirar la historia sin disfraces: admitir el fallo es condición de un relato común creíble entre naciones que comparten pasado y presente.
El reconocimiento no ha sido recibido de forma uniforme en el tablero político. Alberto Núñez Feijóo pidió situar las palabras del Rey "en el contexto" y subrayó que no formaron parte de un discurso institucional sino de una conversación en una muestra cultural, aunque esa conversación fue difundida por Zarzuela. Feijóo proclamó su "orgullo" por el "legado español" en Latinoamérica y consideró que hacer ahora "un examen" en el siglo XXI "de las cosas que ocurrieron en el siglo XV" es un "disparate". Es la defensa del patrimonio histórico frente a todo escrutinio contemporáneo.
Vox, por su parte, evitó valorar directamente al Monarca pero trazó una línea ideológica clara: su portavoz parlamentaria, Pepa Millán, definió la labor de la Corona como "la mayor obra evangelizadora y civilizadora de la historia universal" y defendió que la empresa española se realizó "respetando los derechos y la dignidad de todos los súbditos", apelando al Concilio de Isabel la Católica como argumento de protección. Es la posición que invierte la admisión del abuso en la certeza de una epopeya civilizadora.
Este intercambio de posiciones ocurre además en el contexto de una relación bilateral con México que ha sufrido tensiones. Desde 2019, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador reclamó que España pediera perdón por la conquista; su sucesora, Claudia Sheinbaum, no invitó a Felipe VI a su toma de posesión. Las palabras del Rey y el respaldo del Gobierno buscan, en apariencia, recomponer una relación "fluida y cercana" que se había visto deteriorada.
Reconocer el dolor y la injusticia no es una renuncia a la memoria nacional; es, si se quiere, la exigencia de una memoria honesta. La política tiene la responsabilidad de traducir ese reconocimiento en una narrativa que permita convivencia y respeto entre naciones y comunidades históricamente heridas. Negarlo en bloque o convertirlo en exaltación acrítica de un legado son, ambos, atajos que empobrecen el debate público y la dignidad de la verdad compartida.
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