Mirar de frente la mayoría de las derechas: responsabilidad y riesgo
Debatir hoy lo que puede llegar mañana sin renunciar a la defensa de la democracia

Redacción · Más España


La política no es teatro de deseos: es terreno de hechos. En las tres últimas elecciones autonómicas —Extremadura, Aragón y Castilla y León— PP y Vox sumaron mayoría absoluta. No cabe extrapolar mecánicamente esos resultados a unas generales, pero las encuestas llevan tiempo apuntando a una cómoda mayoría de PP‑Vox en el Congreso. Esa posibilidad existe y exige debate, no negación.
Quien suscribe ya planteó hace meses —en septiembre de 2025— la necesidad de considerar qué ocurriría si PP y Vox superaran los 175 diputados. No se trata de reproducir la circunstancia de 2016, cuando el PSOE se abstuvo y permitió gobernar a Rajoy; entonces concurrían condiciones políticas distintas. Aquello, a juicio de muchos, fue un error con consecuencias políticas relevantes. Lo que hoy se pone sobre la mesa es otra hipótesis: la de una mayoría absoluta de las derechas sin alternativa parlamentaria.
La resistencia a asumir esa hipótesis se basa, en parte, en la convicción de que facilitar la investidura del PP sin Vox sería una catástrofe electoral para el PSOE. Es una interpretación posible, pero los datos del barómetro de marzo de 40dB muestran otra lectura: ante la pregunta de si el PSOE debería facilitar un Gobierno en solitario del PP si PP y Vox obtuvieran mayoría absoluta, el 32% apoyó la abstención y el 25% un voto favorable; entre votantes de izquierdas, el 37% apoyó la abstención y el 29% el voto a favor. Es decir, en el electorado progresista hay una mayoría amplia —según ese sondeo— que entiende el gesto como una manera de evitar que Vox alcance el Ejecutivo.
No es una solución mágica ni exenta de costes, pero sí es una hipótesis legítima de protección democrática. Para que funcione requiere algo elemental: reconocimiento mutuo y condiciones políticas mínimas entre PP y PSOE. Eso no se improvisa. Y hoy esas condiciones no parecen fáciles: el PP no se ha desmarcado nítidamente de Vox; y las izquierdas, por su parte, tienen incentivos para movilizar recurriendo a la amenaza que supone la extrema derecha.
La mayor responsabilidad, según el análisis disponible, recae en el PP. Si de verdad quiere impedir a Vox en el Gobierno, debería explicarlo con claridad y rebajar la deslegitimación constante del PSOE. No tiene sentido pregonar un estilo apocalíptico en la oposición y luego esperar apoyos sin generar confianza. Y al PSOE le tocaría, en su decisión, explicar con sinceridad y patriotismo por qué opta por la vía que considera menos dañina para la democracia.
Negar la discusión es alimento para la inacción. Debatir con frialdad, con datos y con patriotismo —sin retóricas que oculten realidades— es la obligación de quienes, desde cualquier posición, dicen querer preservar el sistema democrático. Si la hipótesis de una mayoría de derechas es plausible, la política exigente consiste en preparar respuestas honestas y creíbles, no plegarias ni negacionismos.
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