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Mientras Sánchez se jactaba del 'No a la guerra', las pistas españolas alimentaban el ataque

Entre el 27 de febrero y el 5 de marzo, movimientos aéreos y logísticos vinculados a la ofensiva contra Irán pasaron por Rota y Morón

Redacción Más España

Redacción · Más España

14 de marzo de 2026 2 min de lectura
Mientras Sánchez se jactaba del 'No a la guerra', las pistas españolas alimentaban el ataque
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Cuando la palabra oficial fue el «no», los hechos marcaron otra partitura. Entre el 27 de febrero y el 5 de marzo, El Mundo documenta no menos de 40 movimientos de vuelos en y desde Morón y Rota, de los que destacan 24 despegues de aviones de guerra con escala previa en Alemania e Italia. No son brumas diplomáticas: son trayectos, números y aparatos que trazan una realidad operativa.

Si alguien esperaba que la negativa fuese absoluta, la realidad logística habló por sí misma: C-17 Globemaster, C-130 Hércules, C-5 Super Galaxy, y hasta KC-135 Stratotanker surcaron los cielos desde nuestras bases. Fueron, según el patrón detectado, los pilares de un puente logístico activo —picos claros el 27 de febrero, el 1 y el 5 de marzo— que permitió conectar Rota y Morón con bases en Aviano, Sigonella y en Alemania, así como con la base en las Azores.

La táctica es diáfana y, a la vez, esquiva: despegar en España, hacer escala en Europa y proseguir hacia Oriente Próximo. De ese modo se reduce la necesidad de reconocer un uso ofensivo directo de las instalaciones españolas, amparándose en comunicaciones de vuelo entre bases europeas. Es una fórmula técnica que no viola, según fuentes consultadas, el convenio que prohíbe el uso de las bases en acciones unilaterales, pero que en la práctica las convierte en lanzadera.

No es menor el detalle del 25 de enero: aterrizó un EA-37B Compass Call en Ramstein, el sistema más moderno de guerra electrónica de la Fuerza Aérea estadounidense. Su presencia, registrada y verificable, encaja con preparativos para neutralizar defensas aéreas en operaciones sobre instalaciones sensibles. Es un hecho que ilumina el cuadro operativo que se desplegó semanas después.

Tampoco puede obviarse la densidad de repostajes y transporte estratégico: ocho Stratotankers rumbo a Alemania un día, ocho Globemasters el siguiente. Movimientos que remiten a doctrinas de alcance y sostenimiento aéreo ya vistas en campañas previas. Y, junto a los vuelos, la presencia naval: dos destructores con base en Rota quedaron preposicionados, y en Cádiz hay desplegados alrededor de 3.000 soldados estadounidenses, según la información ofrecida.

Donald Trump no habló en abstracto cuando, junto a Friedrich Merz, dijo que podrían usar nuestras bases si quisieran. Es una afirmación que, más allá del tono provocador, encontraba su correlato en una actividad que convirtió a Rota y Morón en puertas de salida hacia el Mediterráneo y, por ende, en piezas estratégicas en la ofensiva contra Irán.

Queda una pregunta ineludible: ¿basta comunicar planes de vuelo entre bases europeas para sostener una política de rechazo al uso de instalaciones propias en operaciones ofensivas? Los datos publicados no suponen, por sí solos, una vulneración formal del convenio: ofrecen, en cambio, una realidad operativa que exige claridad política y transparencia pública. No cabe presumir de principios si la práctica logística dice lo contrario.

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