Memoria inexcusable: Torrevieja erige un monumento contra el olvido
Un acuerdo unánime para recordar a las víctimas del bombardeo fascista de 1938

Redacción · Más España


La historia no termina si no la reclamamos. Ese principio elemental ha guiado al pleno de Torrevieja, que ha decidido iniciar por unanimidad los trámites para erigir un monumento en memoria de las víctimas del bombardeo del 25 de agosto de 1938, perpetrado por la aviación italiana fascista. No es un detalle secundario: es la voluntad colectiva de una ciudad que se niega a que el pasado se diluya por omisión.
El acuerdo, tratado en la junta de portavoces del 10 de abril, no nace de la improvisación. Se ha decidido encargar el proyecto escultórico al artista local Rafael Torres, tomando como referencia los bocetos que ya presentó ante los portavoces municipales. Esa apuesta por un creador de la tierra convierte la conmemoración en un acto de identidad: memoria hecha por los nuestros, para los nuestros.
El objetivo proclamado es claro y sin rodeos: crear un espacio de encuentro y recuerdo que se erija también como símbolo de defensa de la libertad, la convivencia y los valores democráticos. No se trata únicamente de recordar lo que ocurrió en una jornada trágica; se trata de ofrecer a las generaciones presentes y futuras una lección visible sobre por qué debemos aprender del pasado.
El alcalde, Eduardo Dolón, ha puesto el acento en el clima de consenso alcanzado entre todas las formaciones políticas. Ha agradecido la predisposición de los portavoces para aparcar diferencias y centrarse en lo que une a la ciudad. Ese gesto institucional —el respaldo unánime— legitima el homenaje y lo eleva de la mera iniciativa municipal a un acto colectivo de respeto hacia quienes sufrieron aquel episodio histórico.
El Ayuntamiento subraya que recordar la historia es una forma de aprender del pasado y de construir un presente más justo y un futuro mejor. Conviene anotar que el futuro monumento también se concibe como un elemento de reflexión ante los conflictos bélicos que aún hoy azotan el mundo. Así, la memoria local se proyecta con sentido universal: evitar que el horror se repita, y hacerlo desde la dignidad y la deliberada voluntad de reconocimiento.
Torrevieja ha decidido, pues, mirar su historia de frente y materializar ese recuerdo. La piedra, la forma y el gesto artístico que propondrá Rafael Torres serán la traducción física de una obligación moral: honrar a las víctimas, afirmar la convivencia y poner en pie una enseñanza para quienes vendrán detrás. En tiempos de incertidumbre, la memoria compartida es un faro; Torrevieja ha encendido uno más.
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