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Los whatsapp que ahogan a Montero: clavo más en su ataúd político

Los mensajes internos sitúan a la candidata como responsable política del rescate de Plus Ultra

Redacción Más España

Redacción · Más España

8 de abril de 2026 2 min de lectura
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Los whatsapp que ahogan a Montero: clavo más en su ataúd político
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La filtración de los whatsapps entre Pedro Saura y José Luis Ábalos no es un desliz: es una fisura en el dique que protege a la candidata socialista en Andalucía. Según los mensajes publicados por EL MUNDO, Saura afirma que en el “tema Plus Ultra” quienes quisieron “quitarse de en medio” fueron Economía y Hacienda, y que los “imputados” eran Montero y la entonces vicepresidenta Calviño. Ese texto, literal, clavado como un testimonio que no admite edulcorantes, pesa sobre la candidatura.

En el PSOE lo saben y lo admiten con tonos distintos: hay resignación y también cálculo. Un alto cargo resume la consecuencia con una imagen brutalmente gráfica: “son un clavo más en su ataúd”. Nadie niega que la mochila política de Montero arrastra asuntos que en Andalucía tienen impacto: la financiación a la carta para Cataluña, la amnistía, cesiones de competencias, condonaciones y, ahora, un rescate millonario cuyo beneficiario apenas operaba vuelos cuando recibió la ayuda.

Los datos objetivos llevan a una lectura implacable: Plus Ultra recibió un desembolso de la SEPI de 34 millones en agosto de 2021, tras la autorización del Juzgado de Instrucción número 15. El rescate figura entre las operaciones supuestamente favorables de los informes técnicos, pero la discrepancia interna del Gobierno —y los whatsapps publicados— dibujan una gestión fragmentada y con responsables que se señalan entre sí.

Montero ha intentado deslindar: aseguró en un desayuno informativo que tiene “poco que decir” sobre el intercambio entre Saura y Ábalos y defendió la aportación del Fondo de Ayuda a las Empresas Solventes, alegando que salvó a 30 empresas con 60.000 empleos. El contraste factual que aporta la propia información es duro: Plus Ultra contribuía solo con 350 de esos puestos y recibió 53 millones de euros. Esa percepción de desajuste alimenta la narrativa de responsabilidad política.

En el PSOE se barajan hipótesis contrapuestas: unos confían en que otros escándalos —Kitchen y Koldo— eclipsen este episodio; otros temen que las encuestas no capten la magnitud del “batacazo” que se avecina en el que fue su gran feudo. Mientras Moncloa trata de insuflar optimismo, en privado los socialistas reconocen que la situación está “rota” y que la falta de movilización puede traducirse en pérdidas reales el 17 de mayo.

La política es, al fin y al cabo, territorio de consecuencias. Los whatsapps publicados no inventan responsabilidades, pero sí exhiben la fragmentación y la carga política que acompaña a Montero. Ese clavo ya está clavado y, para bien o para mal del PSOE, la cuenta se abonará en las urnas y en la credibilidad pública que aún quede por recuperar.

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