Las matronas, pilar silenciado: Alicante necesita 300 más ya
Un clamor profesional que choca con plazas recortadas y cifras nacionales insuficientes

Redacción · Más España


Hoy, cuando el mundo reclama “Un millón de matronas más”, en Alicante la petición suena como una llamada urgente y concreta: el Colegio de Enfermería reclama 300 matronas adicionales para acompañar a las 334 colegiadas que ya sostienen la atención en la provincia. No es una loable invención retórica; es la respuesta a una carencia real que impacta la salud de mujeres, recién nacidos y familias.
Las matronas no son auxiliares decorativas de un sistema: prestan servicios esenciales en salud sexual, reproductiva, materna, neonatal, infantil y adolescente. Acompañan antes, durante y después del parto; ofrecen anticoncepción, atención integral del aborto, apoyo a la lactancia y continuidad asistencial. Cuando faltan, lo que se resiente es la propia estructura del cuidado sanitario.
Los datos, implacables, confirman la dimensión del desafío. En España hay unas 8.000 matronas para una población de mujeres en edad fértil que ronda 11,5 millones. La ratio ideal que maneja la OCDE es 25,9 matronas por cada 1.000 nacimientos; aquí apenas se alcanza 12,4. En la Comunidad Valenciana la situación es todavía más preocupante: 72,13 matronas por cada 100.000 mujeres en edad fértil, por debajo de la media nacional de 75,1. No son apreciaciones: son cifras que exigen respuesta.
Y sin embargo, ante esta evidencia, la oferta formativa en Alicante se reduce: la convocatoria EIR para matronas en 2026 baja a 29 plazas frente a las 35 de 2024. ¿Cómo pretender cerrar un déficit estructural recortando la formación de especialistas? Se anuncia la reconversión de plazas de enfermería generalista a matronería por la Conselleria de Sanitat, una medida histórica y necesaria, pero el propio colegio advierte que no será la solución definitiva.
La Confederación Internacional de Matronas lo resume con crudeza: sin inversión urgente en formación, empleo, regulación y liderazgo, la escasez persistirá y empeorará los resultados sanitarios. Y añade la otra cara de la moneda: donde las matronas están bien formadas, reguladas, remuneradas e integradas, mejoran los resultados, caen las muertes maternas y neonatales y se evitan intervenciones innecesarias. Invertir en matronas no es un gasto: es una decisión inteligente y humanamente ineludible.
No es tiempo de eufemismos ni de soluciones parche. Garantizar al menos una matrona por turno en todas las unidades de maternidad e integrarlas en los centros de salud sexual y reproductiva debe ser objetivo prioritario. La visibilización del colectivo en el Día Internacional de la Matrona debe traducirse en medidas concretas y dotadas presupuestariamente, y no en proclamas laudatorias.
El evento virtual de la ICM el 5 de mayo es una oportunidad para llevar esta demanda al escenario global. Pero las respuestas han de llegar también aquí, en la provincia, en los hospitales y centros de salud, donde la falta de profesionales se traduce en vulneración del derecho a una atención segura, especializada y equitativa. Reivindicar a las matronas y dotarlas de medios no es una opción ideológica: es un deber con la salud pública y con el futuro de nuestra sanidad.
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