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Las ciudades como trinchera: la vanguardia progresista frente a la ola ultra

Alcaldes del mundo se organizan en red para contener la reacción y apostar por soluciones locales

Redacción Más España

Redacción · Más España

19 de abril de 2026 3 min de lectura
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Las ciudades como trinchera: la vanguardia progresista frente a la ola ultra
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La cumbre de Barcelona no fue un gesto retórico ni una foto de protocolo: fue la constatación de que, en un tiempo de mareas políticas inciertas, las ciudades se han convertido en la última frontera de contención contra la ola ultra. Alcaldes socialistas y progresistas de Roma, Nueva York, Bruselas, Atenas y decenas de urbes se han sentado en torno a una idea simple y dura: gobernar para resolver los problemas cotidianos que la retórica reaccionaria promete y no cumple.

No es mera consigna. Jaume Collboni, regidor de Barcelona, recordó que “la esperanza de los ciudadanos está en las ciudades y las regiones” y trazó medidas concretas: cerrar 10.500 pisos turísticos en la ciudad, una cifra que, en su magnitud, equivale a la vivienda construida en Barcelona en una década. Ese es el arma —la gestión— frente a la demagogia. Roberto Gualtieri, alcalde de Roma, afirmó sin euforias que “somos los que estamos en primera línea” y que hay signos de que el ciclo político reaccionario empieza a perder fuerza cuando las respuestas municipales funcionan.

La cumbre reunió a 40 alcaldes y a representantes regionales —entre ellos Axel Kicilof— y atrajo a 5.000 asistentes al plenario: no es un club de salón, es una red en construcción. Sus prioridades son claras y convergentes: vivienda, pérdida de poder adquisitivo y servicios públicos que restituyan la dignidad. Desde Nueva York, Zohran Mamdani, primer socialista en gobernar la Gran Manzana, y su equipo han impuesto medidas como la congelación de alquileres y prestaciones públicas gratuitas que pretenden demostrar que la ideología se demuestra con hechos, no con arenga. Ana María Archila lo sintetizó: para plantar cara al fascismo hay que restaurar la confianza de la ciudadanía.

El contexto internacional da relieve al encuentro. Las recientes derrotas de Viktor Orbán en Hungría y el revés a la reforma judicial impulsada por Giorgia Meloni, junto a los bandazos de Donald Trump en política exterior, abren un escenario más favorable, si bien sin indulgencias. Los alcaldes lo saben: no basta con celebrar victorias simbólicas; hace falta traducirlas en políticas replicables y coordinadas. Emmanuel Grégoire, nuevo alcalde de París, ha señalado su simpatía por la senda de Barcelona contra los pisos turísticos, subrayando la necesidad de compartir respuestas especialmente en las grandes áreas metropolitanas.

En España, la radiografía local es más áspera: el PSOE mantiene regidores en una decena de capitales y otras urbes —Barcelona, A Coruña, León, Soria, Tarragona, Lleida, Palencia, Mérida, Vigo, Fuenlabrada, Alcorcón, Getafe— tras haber perdido músculo territorial meses atrás. Queda un año para las municipales. La experiencia de rescatar Jaén con una moción de censura en 2025 demuestra que la batalla local no está perdida, pero exige estrategia conjunta y capacidad de dar respuestas tangibles a la ciudadanía.

No es un llamado a la complacencia: la retórica de la extrema derecha promete seguridad y prosperidad y, según los propios alcaldes, entrega lo contrario. Gualtieri lo resume con crudeza: la extrema derecha promete seguridad y entrega guerras; promete prosperidad y la gente pierde poder adquisitivo; quienes ganan son los superricos. Frente a esa falacia, la respuesta municipal es material: congelaciones de alquileres, transporte público gratuito, cuidados infantiles universales, regulación de pisos turísticos, políticas para frenar la especulación.

Si la cumbre sirve para algo, será para pasar del eslogan a la réplica organizada: compartir experiencias, adaptar medidas a cada territorio y presentar a la ciudadanía resultados palpables. Esa es la tarea que se marcaron Pedro Sánchez, Salvador Illa y los alcaldes asistentes: construir una red urbana capaz de frenar los embates ideológicos con la fuerza discreta pero eficaz de la gestión pública. La política, dicen quienes gobiernan en primera línea, se gana con urnas y con servicios; con discursos y con soluciones. Y en ese doble frente las ciudades han tomado ya la delantera.

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