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Las Azores vuelven a dibujar alineamientos: España dice no, Portugal abre las puertas

En Huelva, la XXXVI Cumbre Hispano‑Portuguesa expone dos visiones distintas sobre el uso de bases por EEUU

Redacción Más España

Redacción · Más España

14 de marzo de 2026 2 min de lectura
Las Azores vuelven a dibujar alineamientos: España dice no, Portugal abre las puertas
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Hace 23 años una fotografía —el llamado “trío de las Azores”— simbolizó una decisión que marcó a una generación. Hoy esa misma geografía vuelve a servir de espejo, pero con reflejos distintos: no hay la misma unanimidad, ni los mismos compromisos. La XXXVI Cumbre Hispano‑Portuguesa, celebrada en el Monasterio de la Rábida, ha puesto en primer plano una división tangible que tiene por escenario las bases atlánticas y por actor principal a Estados Unidos.

Pedro Sánchez ha desempolvado la memoria histórica de aquel 16 de marzo de 2003 para proclamar una distancia nítida: “la posición del Gobierno de España se resume en cuatro palabras: no a la guerra”. Desde La Moncloa el mensaje es claro y público: no autorizar el uso de Rota y Morón en el marco de la guerra en Oriente Próximo. Es una decisión política que busca marcar identidad, distanciarse de decisiones pasadas y señalar una línea roja ante un conflicto que sobrevuela la cumbre.

En contraste, el primer ministro portugués, Luis Montenegro, ha optado por otra vía. Portugal ha permitido el uso de la base aérea de Lajes en las Azores para aviones estadounidenses, una autorización que, según Montenegro, se concedió con fines defensivos, en conformidad con el derecho internacional y contra objetivos militares. Ya en junio del año pasado Lisboa autorizó que 12 aviones de reabastecimiento de EEUU utilizaran la base en el marco de la denominada 'guerra de los 12 días'.

No se trata solo de geoposicionamiento: es una diferencia práctica y palpable. España se presenta como un socio “fiable” de la OTAN, pero traza límites sobre el empleo de sus infraestructuras; Portugal reivindica una relación transatlántica más estrecha, amparada además en su condición de miembro fundador de la Alianza en 1949, frente a la adhesión española en 1982.

La cumbre de Huelva, con la presencia de 11 ministros que acompañaban a Sánchez y bajo el lema 'Alianza para la seguridad climática', no ha eludido la realidad: la guerra en Oriente Próximo planea sobre las decisiones bilaterales y condiciona acuerdos. España y Portugal han rubricado una agenda que incide en cooperación climática, gestión de emergencias y protección civil, pero la foto de este viernes quedará marcada por la disonancia atlántica: dos aliados vecinos, dos respuestas distintas ante la misma petición de un aliado exterior.

Que así sea contado: la historia de las Azores no se repite idéntica. Cambian los actores, persisten los mares y vuelven las decisiones que perfilan la soberanía y los compromisos internacionales. Quien mira hoy a la península ibérica desde Washington verá no una sola voz, sino dos, con matices y consecuencias reales sobre la proyección y el uso de las bases atlánticas.

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