La voz disidente en Vox exige cuentas: pedir un congreso no es un gesto, es una alarma
Iván Espinosa de los Monteros y una decena de ex dirigentes reclaman un congreso extraordinario para debatir el rumbo del partido

Redacción · Más España


El manifiesto hecho público por Iván Espinosa de los Monteros no es una amable sugerencia: es una demanda explícita, rotunda y formal. "Exigimos la convocatoria de un congreso extraordinario, con plazos suficientes y reglas claras", sintetiza el texto que reclama un debate abierto sobre liderazgo, organización, orientación política y estrategia de gobierno.
Que lo promueva quien conserva el carné de afiliado número cinco de Vox añade gravedad al gesto y subraya que no se trata de una operación externa, sino de una protesta que nace desde dentro —o, mejor dicho, desde quienes fueron el pilar dirigente del partido— y que hoy reclaman devolver la palabra a las bases.
En el grupo promotor figuran nombres que la opinión pública identifica con la primera línea histórica de Vox: Javier Ortega Smith, fuera del partido y enfrentado a la cúpula; la ex líder en Madrid Rocío Monasterio; José Ángel Antelo, hasta hace poco líder en Murcia; Rubén Manso, ex gurú económico; Víctor González Coello de Portugal, ex vicepresidente; dos ex vicesecretarios nacionales; y la vicealcaldesa de Toledo, Inés Cañizares, que aún ocupa un cargo público en nombre del partido.
Los firmantes explicitan que no pretenden "imponer una candidatura alternativa, sino abrir un debate real sobre el rumbo del proyecto". Pero piden también una "revisión completa de la arquitectura interna del partido", desde los mecanismos de deliberación hasta los criterios de selección de dirigentes. Es una petición de fondo: quién decide y cómo decide.
El manifiesto alude, además, a cambios políticos concretos que exigen explicación, como el viraje en la agrupación europea —del ECR a Patriots—, y deja constancia de un diagnóstico severo: no haber disputado la hegemonía en su espacio político y haberse situado en un papel de partido bisagra es presentado como un fracaso estratégico para un proyecto que nació con vocación de poder.
La iniciativa aparece en un momento preciso: dos días después de la cita electoral en Castilla y León, donde Vox vio ralentizado su crecimiento. Y aunque el propio texto pretende medir la discrepancia interna y dar voz a la militancia, el manifiesto carece de carácter vinculante; servirá, en todo caso, para calibrar la fuerza de la disidencia.
Desde la dirección de Vox ya han descartado organizar un congreso extraordinario. Pese a ello, Espinosa defendió en una entrevista la utilidad de la propuesta y admitió que "esto puede tener un poco más de recorrido de lo que parece". Queda, pues, en manos de la militancia y de la dirección evaluar si la demanda se limita a una protesta más o si se convertirá en un punto de inflexión para el destino político del partido.
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