Cultura

La verdad incómoda de la maternidad: amor a los hijos, arrepentimiento a la vez

Mujeres que aman a sus hijos pero se sienten atrapadas por las exigencias reales de ser madre

Redacción Más España

Redacción · Más España

8 de abril de 2026 3 min de lectura
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La verdad incómoda de la maternidad: amor a los hijos, arrepentimiento a la vez
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La imagen idílica que la sociedad vende de la maternidad se resquebraja cuando se escucha a quienes la viven en carne propia. Carmen, madre de un niño de 10 años, lo expresa con brutal honestidad: adora a su hijo, pero jamás volvería a ser madre. Su testimonio no es una afrenta al amor filial; es la constatación de un precio pagado en salud, tiempo, dinero y cuerpo que, en su caso, dejó consecuencias permanentes.

Lo que cuentan estas mujeres choca con la narrativa dominante: la maternidad no es solo ternura y realización personal, sino también trabajo interminable, desgaste anímico y, para algunas, pérdida de identidad. La psicoterapeuta Anna Mathur lo resume sin ambages: el arrepentimiento maternal suele cristalizar en aislamiento, agotamiento y un duelo por la propia vida perdida, no en ausencia de amor por los hijos.

El cine también lo refleja. La película If I Had Legs I'd Kick You y la interpretación visceral de Rose Byrne muestran a una madre desmoronada por el esfuerzo titánico de sostener a su familia mientras atiende necesidades extremas. La ficción, muchas veces, no inventa: visibiliza realidades que las protagonistas callan por miedo al juicio.

Las fuentes académicas refrendan que este sentimiento no es anecdótico. La socióloga Orna Donath, en su estudio sobre el arrepentimiento maternal, subraya una distinción clave: muchas entrevistadas aman a sus hijos pero desearían no haber asumido la condición de madre. Y los datos disponibles, como el estudio polaco de 2023, estiman que entre el 5% y el 14% de las parejas se arrepienten de haber tenido hijos y optarían por no tenerlos si pudieran retroceder.

No sorprende, por tanto, que las mujeres busquen espacios donde expresar lo que no pueden decir en voz alta. Grupos como "Me arrepiento de haber tenido hijos", con 96.000 miembros, ofrecen un refugio anónimo donde confluyen relatos de culpa, alivio y sororidad. El secreto y la condición anónima de las entrevistas en la BBC hablan de un estigma: confesar este arrepentimiento acarrea ostracismo social y moral.

Hay un costo tangible: en el caso de Carmen, la preocupación constante por el desarrollo de su hijo derivó en estrés y, según relata, en una enfermedad autoinmune. No hay herejías ni noticias falsas en ello: hay consecuencias médicas y psicológicas que acompañan a un modo de vida que muchas veces exige renuncias totales.

Ante este panorama, la sociedad tiene dos vías: seguir alimentando un mito que castiga a quien lo contradice, o atender las voces que piden reconocimiento y cambios concretos. Reconocer el arrepentimiento maternal no es negar el amor a los hijos; es, simple y rotundamente, atender las condiciones reales de la crianza, aliviar el peso y respetar la verdad de quienes la sostienen día a día.

No se trata de dar lecciones ni de demonizar elecciones personales. Se trata de confrontar una realidad incómoda: miles de mujeres cargan con silencios que pesan tanto como la maternidad misma. Negar esa realidad equivale a seguir reproduciendo la trampa de la que muchas dicen sentirse incapaces de escapar.

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