La UE ante su hora de responsabilidad: revisar el Acuerdo con Israel es ineludible
Tres ministros instan a Kaja Kallas a reabrir el debate sobre la suspensión del pacto con Israel

Redacción · Más España


Tres ministros de Asuntos Exteriores han puesto sobre la mesa de la Unión Europea una exigencia clara y urgente: España, Irlanda y Eslovenia han remitido una carta conjunta a la presidenta del Consejo, Kaja Kallas, para que la Comisión no deje en el olvido la revisión de la relación privilegiada con Israel.
No hablamos de un gesto simbólico. La petición parte de hechos constatados: la Comisión Europea aprobó en septiembre de 2025 la suspensión parcial del Acuerdo de Asociación UE‑Israel y dejó la decisión final en manos de los Estados. Desde entonces, y ante una escalada bélica que se prolonga desde 2023, los ministros reclaman que la cuestión vuelva a debatirse en el Comité de Exteriores de la UE.
El texto, firmado por José Manuel Albares, Tanja Fajon y Helen McEntee, apela a la “responsabilidad moral y política” de la Unión y cita elementos concretos que, según los firmantes, vulneran el artículo 2 del Acuerdo: la aprobación reciente de la pena de muerte, decisiones ejecutivas y militares, y leyes del parlamento israelí que, sostienen, contravienen derechos humanos y derecho internacional humanitario.
Los datos que invocan no son banales: hablan del desplazamiento forzoso de 1,2 millones de personas, de las condiciones insoportables en Gaza por violaciones continuas del alto el fuego y por las dificultades de entrada de ayuda humanitaria, y de una escalada de violencia en Cisjordania con colonos radicales que actúan "con total impunidad", además de operaciones militares que han provocado la muerte de civiles.
También se alude a ataques contra la libertad religiosa que ponen en cuestión el statu quo de Tierra Santa y se celebra, con cautela, el alto el fuego decretado en Líbano por diez días. Frente a este panorama, los tres cancelan los eufemismos: piden que todas las opciones sigan sobre la mesa y que la Unión actúe de forma decidida e inmediata.
No es menor el contexto político: la cuestión no reúne unanimidad entre los Veintisiete —según el portavoz de Exteriores de la UE, 26 Estados se pronuncian a favor y solo uno discrepa—, lo que explica la prudencia institucional y la apelación explícita a la alta representante para relanzar el debate.
La carta de Albares, Fajon y McEntee exige coherencia. Si la Unión fundamenta su proyecto en valores que quedaron escritos desde su fundación, la revisión del Acuerdo de Asociación con Israel no es una mera operación diplomática: es una prueba de credibilidad. Que la Comisión y el Consejo afronten con decisión ese debate será, en los hechos, la medida de si Europa responde como comunidad de valores o si opta por la inercia ante una deriva que los propios ministros describen como agravada desde la revisión previa.
La pelota está ahora en el tejado europeo. Reabrir o no ese debate tendrá consecuencias políticas y morales. Los hechos ofrecidos por los ministros —y recogidos por la prensa— no admiten pasar la responsabilidad al silencio institucional. La Unión debe decidir si se limita a observar o si ejerce la coherencia que proclama.
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