La semaglutida: fin de patente en India y el temblor que sacude al mercado mundial
La expiración de la patente el 20 de marzo abre la puerta a decenas de genéricos y a una competencia que promete abaratar tratamientos

Redacción · Más España


El 20 de marzo expira en India la patente de la semaglutida, la molécula que sustenta a fármacos como Wegovy y Ozempic. No es un dato menor: esa caducidad permite a las empresas indias producir versiones genéricas y llevar al mercado lo que hasta ahora ha sido un tratamiento mayormente costoso y restringido.
La reacción del sector ya está en marcha. Firmas como Cipla, Sun Pharma, Dr. Reddy's Laboratories, Biocon, Natco, Zydus y Mankind Pharma, entre otras, preparan genéricos bajo marca propia. Analistas prevén que en cuestión de meses podrían aparecer alrededor de 50 versiones con marca, un patrón que ya vimos cuando caducó la patente de la sitagliptina en 2022 (cerca de 30 versiones en un mes y casi un centenar en un año).
El efecto esperado es simple y contundente: competencia feroz y caída de precios. Hoy, según la información disponible, el tratamiento mensual de Ozempic en India se sitúa entre US$95 y US$119, y Wegovy entre US$108 y US$173. Expertos de mercado calculan que los genéricos podrían reducir esos costes hasta un rango aproximado de US$36 a US$54 al mes. Esa merma en el precio tiene la capacidad de transformar la accesibilidad y la demanda.
No es solo una cuestión de números. La semaglutida es un agonista de los receptores GLP-1: imita una hormona que regula el apetito y la glucemia, estimula la liberación de insulina y ralentiza el vaciado gástrico, provocando sensaciones de saciedad más tempranas y duraderas. Desarrollada inicialmente para la diabetes, se ha convertido en un tratamiento codiciado para la pérdida de peso, con aplicaciones que se extienden hoy a cardiología, cirugía ortopédica y neumología.
El mercado indio ya muestra señales de aceleración: el segmento de medicamentos contra la obesidad pasó de unos US$16 millones en 2021 a cerca de US$100 millones recientemente, impulsado también por la llegada en 2022 de Rybelsus, la primera semaglutida oral. El banco de inversión Jefferies llega más lejos y contempla que, con precios adecuados y adopción, el mercado nacional de semaglutida podría alcanzar los US$1.000 millones.
Detrás de este movimiento hay una industria farmacéutica robusta: valorada hoy en torno a US$60.000 millones, y con previsiones de duplicarse para 2030, buena parte de cuya fuerza reside en la manufactura de genéricos. Ese músculo productivo es lo que convertirá la expiración de la patente en una oleada de oferta.
Pero no todo es garantía de beneficio inmediato. La irrupción de decenas de marcas exige regulación, controles de calidad y vigilancia sobre precios y prescripciones. Lo que ya es un hecho —la caducidad de la patente y la inminente llegada de genéricos— puede cambiar rápidamente el acceso a tratamientos eficaces, sobre todo en un país con más de 77 millones de personas con diabetes tipo 2 y una gran población adulta con sobrepeso.
India no solo puede abaratar la semaglutida para su mercado interno; su capacidad de producir genéricos masivos tiene el potencial de tensionar los mercados globales de medicamentos para adelgazar. El fin de una exclusividad comercial no es un cierre, es un punto de inflexión: transforma monopolios en competencia abierta y, si los actores públicos y privados lo gestionan con rigor, puede ampliar el acceso a millones. Pero esa posibilidad exige vigilancia sanitaria, transparencia y una política que priorice la calidad y la equidad en la distribución.
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