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La ruta de Abascal mostró éxitos y fisuras: Vox frente al espejo

De 146 municipios recorridos, los números aplauden la movilización, pero Castilla y León abre una grieta que reclama debate interno

Redacción Más España

Redacción · Más España

20 de marzo de 2026 3 min de lectura
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La ruta de Abascal mostró éxitos y fisuras: Vox frente al espejo
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Vox depositó en Santiago Abascal su principal activo de campaña: presencia personal, puerta a puerta, imagen de jefe que recorre el país. El balance general es innegable: Abascal visitó 146 municipios en cuatro meses y, de ese recorrido, Vox ganó votos en 132 de esos enclaves. Ése es el dato que sostiene la narrativa de éxito.

Pero la política no admite monocordes. Donde la estrategia rindió con creces —Extremadura y Aragón—, otra verdad asoma en Castilla y León. Del total de 14 localidades en las que, tras la visita del líder, Vox perdió papeletas, 12 correspondían a la última comunidad que fue a las urnas: son, en conjunto, el 19,4% de los 62 municipios que Abascal visitó allí. Casi una de cada cinco paradas no produjo el tirón esperado.

Las cifras no mienten: en Extremadura, de los 34 sitios recorridos por Abascal, sólo en Casares de las Hurdes se restó apoyo. En Aragón, la única contrapartida señalada fue Frías de Albarracín entre las 50 localidades que pisó. En Castilla y León, en cambio, en 11 de los 62 enclaves la formación cayó en porcentaje de voto. Y en 10 de las 12 localidades mencionadas la pérdida de papeletas vino acompañada de una caída relativa en porcentaje, una señal más clara de pérdida de tracción.

El contraste se amplifica cuando se mira el rendimiento relativo: en Castilla y León Vox pasó del 17,6% de 2022 al 18,9% en la última cita, una ganancia de 1,3 puntos. No obstante, en el 61,3% de los municipios visitados Abascal generó crecimientos superiores a ese 1,3%, pero en el 38,7% restante no fue así. Dicho con sencillez: la presencia del líder no marcó la diferencia en casi cuatro de cada diez localidades que recorrió.

Tampoco puede soslayarse la diferencia en saldo neto de electores: la ruta de Abascal aportó 24.450 papeletas extra en Extremadura y 31.619 en Aragón; en Castilla y León el saldo neto de los pueblos visitados fue de 8.489 electores más. Resultados que, aunque positivos en términos absolutos, dejan un regusto de insuficiencia frente a las expectativas y a la propia narrativa de infalibilidad.

Y cuando la cosecha no basta para acallar voces, la política entra en zona de redefinición. En los últimos días, alrededor de una decena de ex dirigentes nacionales han firmado un manifiesto pidiendo un congreso extraordinario de Vox. Firmantes con peso simbólico y real: Ignacio Ansaldo, Iván Espinosa de los Monteros, Javier Ortega Smith, Víctor González Coello de Portugal y el respaldo de Rocío Monasterio, entre otros. El texto, según sus firmantes, no nace contra nadie ni busca imponer una candidatura alternativa; reclama, sin embargo, “abrir un debate real sobre el rumbo del proyecto” y una “revisión completa de la arquitectura interna del partido”.

No es una casualidad temporal que ese llamado se produzca ahora, justo cuando la radiografía territorial muestra áreas donde la presencia del líder no bastó para traducirse en crecimiento uniforme. El diagnóstico que lanzan los firmantes es claro: el crecimiento acumulado “no basta” y hay que cuestionarse cómo se articula el liderazgo y qué resultados genera.

La campaña de Abascal, con luces y sombras, deja dos lecciones inevitables: la movilización personal tiene eficacia demostrada, pero no es garantía universal; y la discrepancia entre territorios exige no sólo explicaciones tácticas sino respuestas organizativas y políticas. El país exige diagnósticos veraces y decisiones a la altura. Quienes fueron referentes de Vox junto a Abascal ahora piden mesa y debate. Es la hora de mirar los datos sin complacencias y de decidir si la respuesta será reafirmación o reforma.

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