La prisa que divide a la izquierda alternativa
IU apremia; sus socios piden pausa y rehusan nombres prematuros

Redacción · Más España


La urgencia declarada por Izquierda Unida para cerrar cuanto antes quién sustituya a Yolanda Díaz ha puesto de manifiesto una verdad incómoda: la nueva alianza no tiene aún un candidato consensuado y el apresuramiento amenaza con convertir un proceso interno en una telenovela pública.
Antonio Maíllo pidió acelerar el calendario para cubrir el vacío político que deja el paso a un lado de Díaz. La respuesta fue tajante: ni Movimiento Sumar, ni Más Madrid ni Comunes están dispuestos a marcar un ritmo tan vertiginoso, y prefieren no tener un nombre sobre la mesa a hablar de personas antes de tiempo.
Ese rechazo no sólo procede de los aliados. También existe un sector en IU que considera inoportuna la petición de Maíllo: lamentan que la dirección no tomara una decisión previa y se sorprendieron al escuchar esa exigencia pública en un momento que, aseguran, no es para liderazgos.
La prioridad, según las direcciones de Sumar, Más Madrid y Comunes, es afinar el proyecto político, ampliar la coalición y dialogar con fuerzas territoriales ya presentes en Sumar —Compromís, Chunta, Más— y con potenciales aliados, sin cerrarles un paquete en el que apenas puedan opinar. Incluso no se descarta mantener puertas abiertas con Podemos, pese a que hoy por hoy esa posibilidad se percibe como casi imposible.
Por eso aplazan la decisión sobre el candidato: queda un año para las generales, dicen, y es preferible un proceso limpio, de consenso y sin confrontaciones entre partidos, capaz de transformar la sustitución de Díaz en un relanzamiento político y emocional.
En este escenario, los nombres circulan fuera de los despachos. El ministro Pablo Bustinduy fue foco de especulación pública y, hastiado, volvió a descartarse: "No es el papel que deba asumir", repitió. También Mónica García se ha descartado.
La fotografía que deja este episodio es clara: una alianza que pretende presentarse cohesionada y con ambición, pero que aún debe resolver su hoja de ruta interna. La prisa de una parte choca con la cautela de la mayoría; y mientras tanto, el vacío de liderazgo —voluntario o impuesto— se mantiene como un desafío abierto para la izquierda alternativa.
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