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La ofensiva contra Irán: una decisión de alto riesgo con la ambición de cambiar un régimen

EE.UU. e Israel lanzaron una campaña conjunta que, según expertos, persigue el cambio de régimen y ya empuja a la región al borde del caos

Redacción Más España

Redacción · Más España

10 de marzo de 2026 3 min de lectura
La ofensiva contra Irán: una decisión de alto riesgo con la ambición de cambiar un régimen
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La decisión de Estados Unidos e Israel de lanzar una campaña militar de gran alcance contra objetivos dentro de Irán, anunciada públicamente por el presidente Donald Trump, no puede leerse como un episodio aislado. Ocho meses después del pulso de 12 días entre Irán e Israel en junio de 2025, las fuerzas conjuntas atacaron instalaciones militares y del régimen iraní, y Trump informó que la operación había acabado con la vida del líder supremo, Alí Jamenei.

Expertos consultados describen la ofensiva con un nombre claro: cambio de régimen. Ellie Geranmayeh, del ECFR, interpreta el anuncio y la forma de presentarlo como una clara voluntad política de forzar una sustitución del poder en Teherán, al tiempo que dejó pocas salidas al Gobierno iraní salvo la rendición. En su plataforma, Trump instó a las fuerzas de seguridad iraníes a rendirse o "enfrentarse a una muerte segura", y habló de una "oportunidad única en generaciones" para que los iraníes tomen el control de su gobierno.

La operación, por su envergadura, ha sido calificada como histórica y sin precedentes por analistas: una campaña militar estadounidense contra Irán que, según Geranmayeh, ya ha abierto la puerta al caos regional. Irán respondió con ataques de represalia contra Israel y se han denunciado acciones iraníes en múltiples puntos del Golfo y más allá —Dubái, Doha, Bahréin, Kuwait— donde hay presencia de aliados o bases vinculadas a Estados Unidos.

No faltan voces que cuestionan la justificación temporal de la ofensiva. H. A. Hellyer, del RUSI, afirmó que no hubo evidencias públicas de un ataque inminente por parte de Irán que legitimara un golpe preventivo, y señaló que la operación se produjo en medio de negociaciones mediadas regionalmente. Pocas horas antes, el ministro de Exteriores de Omán —que había estado mediando entre Washington y Teherán— dijo que un avance estaba cerca y que la diplomacia necesitaba espacio para prosperar. Tras los bombardeos, el propio diplomático expresó su consternación y advirtió que las negociaciones activas habían sido socavadas.

Desde la perspectiva de Teherán, la campaña ha tensado los resortes de supervivencia del régimen. Las autoridades iraníes han declarado su intención de emplear "todas sus capacidades defensivas y militares" en virtud del derecho a la autodefensa, y los analistas subrayan que la respuesta iraní ha sido rápida, coordinada y diseñada para mostrar determinación: por un lado, para regionalizar el conflicto; por otro, para utilizar activos antes de que puedan perderse.

Los riesgos son evidentes. La ambición declarada de alterar la estructura de poder en Irán, según los expertos, no ofrece un camino claro que no pase por grandes costes y peligros de escalada. La guerra limitada, si existe, difícilmente permanecerá aislada en una región donde los intereses y las alianzas interconectan Estados, bases y rutas comerciales. La propia dinámica de ataque y represalia ha convertido lo que pudo haber sido un episodio táctico en una crisis de alcance estratégico.

Lo que queda por ver es si las potencias implicadas disponen de una estrategia de salida que limite el contagio regional y las consecuencias humanitarias, políticas y militares. Por ahora, los hechos confirman que la ofensiva estadounidense-israelí ha puesto en vilo la estabilidad regional y ha planteado, de manera explícita y peligrosa, la posibilidad de un cambio de régimen en Irán como objetivo declarado.

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