La Mata se levanta en botas y sombrero: una fiesta vaquera que honra la vida activa
La tradicional Fiesta Vaquera del Día del Mayor transformó el Centro Polivalente en un oeste con acento torrevejense

Redacción · Más España


La Mata volvió a demostrar, con sencillez y fuerza, que las grandes lecciones vienen en forma de celebración. El Centro Polivalente se vistió de lejano oeste y de corazón torrevejense para acoger la ya tradicional Fiesta Vaquera, un encuentro inscrito en las actividades del Día del Mayor que reivindica, sin estridencias, la centralidad de la convivencia.
No hubo competitividad fiera ni poses que apabullen: hubo bienvenida, saludo y presencia institucional. El presidente del centro, Miguel Rueda, y la concejal de Gente Mayor, Inmaculada Montesinos, ofrecieron la recepción a representantes de varios centros de mayores —San Pascual, Restituto Marroquí, Pedro Lorca y el Centro Municipal de Ocio— subrayando el carácter colectivo de la jornada. Actos así confirman que la política local tiene también rostro humano cuando sirve para reunir y reconocer a quienes construyen comunidad día a día.
El desfile de Reinas, Damas y Mister fue más que un paseo: fue un acto de reconocimiento y de sonrisa compartida. Con Ana Calderón al frente del acto, la pasarela ofreció ritmo, cercanía y humor; los participantes, acompañados por sus presidentes o representantes, recibieron un detalle conmemorativo que dejó claro el mensaje: en esta fiesta importa compartir, no competir.
Y cuando el country sonó en La Mata, nadie quedó sentado. El Grupo Sabor y Baile, dirigido por Carmen López, puso a todos en pie con coreografías de baile en línea al compás del género vaquero reinterpretado con sello mediterráneo. Botas, pasos sincronizados y ganas de pasarlo bien convirtieron el salón en una pista que celebró el envejecimiento activo: la música y el baile como medicina colectiva contra la inercia.
La jornada culminó con la hospitalidad conocida de la cafetería del centro polivalente, que obsequió a los asistentes con dulces, poniendo el toque más sabroso a una tarde que, por su sencillez, resultó redonda. Más allá del color y el disfraz, la Fiesta Vaquera volvió a confirmar una verdad elemental: cuando la comunidad se reúne con arte y buena compañía, la edad se queda en la puerta y las ganas de vivir entran a bailar.
Que estos encuentros prosperen y se multipliquen es una responsabilidad compartida: de las instituciones, que deben facilitar espacios; de las asociaciones, que los llenan de vida; y de la sociedad, que reconoce en estas imágenes la grandeza de la cotidianeidad. La Mata, con sombrero y sonrisa, nos ofrece un ejemplo que merece ser visto, celebrado y reproducido.
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