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La Luna en manos de un vendedor: audacia, vacío legal y espectáculo

El caso de Dennis Hope y la prosperidad que brotó de un resquicio del tratado espacial

Redacción Más España

Redacción · Más España

6 de abril de 2026 3 min de lectura
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La Luna en manos de un vendedor: audacia, vacío legal y espectáculo
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En 1980, en medio de un divorcio y sin dinero, un exvendedor de coches llamado Dennis Hope tuvo una idea: reclamar la propiedad de la Luna y vender parcelas. Esa es, según cuenta él mismo en entrevistas y recoge la crónica de BBC Mundo, la génesis de un negocio que se asentó en la interpretación de un vacío legal.

Hope consultó el Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967 y leyó que la Luna y otros cuerpos celestes son “provincia de toda la humanidad” y no pueden ser objeto de apropiación nacional. De esa frase extrajo una conclusión clara y audaz: si un país no puede reclamarla, ¿por qué no un particular? Con esa lógica envió a Naciones Unidas una reclamación de propiedad sobre la Luna, los otros ocho planetas y sus lunas, y advirtió que intentaría subdividir y vender la tierra. No obtuvo respuesta de la ONU, según el relato.

A partir de esa falta de respuesta, comenzó a vender parcelas por hectáreas: lotes lunares, pero también de Marte, Venus y Mercurio. La BBC recoge que entre sus supuestos compradores figuran nombres y entidades de relieve —estrellas de Hollywood, expresidentes estadounidenses como Ronald Reagan y Jimmy Carter, cadenas hoteleras como Hilton y Marriott— y que incluso se ha dicho que George W. Bush sería propietario de un lote. Hope ha declarado que en su mejor momento vendía alrededor de 1.500 propiedades al día y que, en total, su empresa habría generado cerca de 12 millones de dólares.

Para blindar esa apropiación, Hope y sus seguidores crearon lo que definieron como un “Gobierno Galáctico”: una república democrática con una Constitución que, según él, fue publicada en 2004 tras su ratificación por millones de propietarios. También afirma mantener relaciones diplomáticas con 30 gobiernos y aspirar a reconocimiento ante organismos internacionales. BBC señala, no obstante, que no ha podido verificar de modo independiente esas afirmaciones.

La historia de Hope no nace en el vacío personal: la idea de reclamar la Luna tiene precedentes. BBC recuerda intentos previos, como el de Dean Lindsay en 1936 o el del chileno Jenaro Gajardo Vera en 1954, que también reclamaron la propiedad de la Luna y de otros objetos celestes. El hilo que une esos episodios es siempre el mismo: la existencia de preguntas sin respuesta sobre la titularidad de lo que está fuera de la Tierra y la tentación de quien, con audacia y descaro, decide aprovechar el resquicio.

¿Qué deja este caso a la vista? Primero, que los tratados internacionales fijan principios pero no siempre resuelven todas las incógnitas prácticas ni cierran todos los portillos legales. Segundo, que la ausencia de respuesta de una institución global puede abrir flancos a iniciativas singulares, por más insólitas que parezcan. Y tercero, que la frontera entre lo legítimo y lo pintoresco se diluye cuando la gramática legal encuentra un intérprete que decide actuar.

No es tarea de este texto dirimir si Dennis Hope fue visionario o estafador; los hechos documentados por BBC Mundo relatan una empresa fundada sobre una reclamación sin contestación, ventas masivas proclamadas por su promotor, la creación de una estructura constitucional autodefinida y la presencia de precedentes históricos. Todo ello en el marco de un fenómeno que obliga a pensar en la gobernanza del espacio: ¿quién debe tener la última palabra sobre lo que queda fuera de la Tierra cuando los tratados hablan en términos generales y las respuestas prácticas tardan en llegar?

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