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La izquierda que gobierna reclama su papel: orgullo y fisuras en Sevilla

Un mitin de reafirmación exhibe músculo ministerial y deja al descubierto la descohesión con Podemos

Redacción Más España

Redacción · Más España

20 de abril de 2026 2 min de lectura
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La izquierda que gobierna reclama su papel: orgullo y fisuras en Sevilla
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En un auditorio lleno en Sevilla, la izquierda que forma parte del Gobierno ha querido dar un paso al frente y pronunciar sin ambages su justificación: estar en el Ejecutivo no es un simple privilegio, sino la herramienta para empujar cambios. Lo dijo Mónica García: la presencia en el Consejo de Ministros convierte a espacios como Sumar o IU en la izquierda “relevante”. No es una justificación menor; es una declaración de intenciones y de supervivencia política.

Pero el escenario montado también ha dejado ver lo que la retórica pretende ocultar. La ausencia clamorosa de Podemos en el encuentro inaugural de la precampaña andaluza no es un detalle anecdótico: evidencia una alianza que camina andando a pesar de las prisas y de las mutuas desconfianzas. La coalición, aunque mantenga acuerdos formales para concurrir unida, exhibe una costura que cruje cuando se someten sus piezas al calor del acto público.

La puesta en escena fue, además, un despliegue ministerial: ministros como Pablo Bustinduy y Ernest Urtasun acudieron a la cita junto a representantes de Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Comuns y Más Madrid. Transformaron el mitin en una terapia colectiva de reafirmación: inyecciones de autoestima, arengas a la unidad, y la reiterada idea de que la presión de estos actores en el Gobierno habría convertido a España en “faro del mundo decente”, en palabras recogidas en el acto.

Antonio Maíllo, candidato a la presidencia de la Junta por Por Andalucía, elevó la apuesta y emplazó a convertir el 17 de mayo “en un nuevo 23 de julio”, llamando a evitar un tercer mandato de la derecha y defendiendo los servicios públicos como línea roja. Su mensaje es claro: cohesión para competir; movilización para ganar. Y, sin embargo, las ausencias y las pullas dirigidas incluso a quienes comparten el Ejecutivo con Pedro Sánchez revelan tensiones internas que no se borran con los discursos.

El mitin no resolvió otras preguntas que permanecen en el ambiente: la elección del cabeza de lista para las generales queda aplazada por la prioridad táctica de mejorar resultados en Andalucía, y en el auditorio nadie supo decir si Bustinduy dará el paso, pese a su evidente vigor mitinero. Mientras tanto, la proclamada “izquierda transformadora” se esfuerza en presentarse como la fuerza que empuja a una socialdemocracia que consideran languideciente y proclaman combatir una versión “soft” del neoliberalismo.

He aquí el dilema: orgullo y razón de ser en el Gobierno por un lado; fragilidad interna y ausencia de cohesión por otro. Reivindicar la utilidad de gobernar es legítimo y necesario; ocultar las grietas, imposible. La campaña andaluza arranca con la energía de la reafirmación y con la incógnita de si esa energía será suficiente para suturar las desconfianzas que la noticia ha mostrado sin ambages.

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