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La izquierda en plena convulsión: el vacío de Yolanda desata la lucha por Sumar

Dos frentes se abren en el post‑yolandismo: el partido Movimiento Sumar y la candidatura electoral

Redacción Más España

Redacción · Más España

19 de marzo de 2026 4 min de lectura
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La izquierda en plena convulsión: el vacío de Yolanda desata la lucha por Sumar
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El liderazgo carismático se disuelve y, con él, la estabilidad aparente. Yolanda Díaz, de salida, deja un hueco que desata maniobras simultáneas y urgentes en la izquierda alternativa. No se trata sólo de nombres: se trata de quién manda, cómo se organiza y quién proyecta la voz pública de una coalición que, hasta ahora, orbitaba alrededor de su figura.

Hay dos terrenos donde la partida ya está en marcha. El primero, decisivo: la candidatura a las elecciones generales, el cartucho más valioso donde confluyen los intereses de todas las fuerzas de la alianza. El segundo, el más virulento ahora mismo: el propio partido fundado por la vicepresidenta en 2023, Movimiento Sumar, que vive una convulsión interna que amenaza con abrir heridas en un momento de alta exposición política.

Dentro de Movimiento Sumar se ha puesto encima de la mesa la convocatoria de una asamblea extraordinaria para renovar la dirección. Parte de la dirección pretende forzar ese congreso —el tercero en apenas tres años de vida del partido— con el objetivo de disputar la coordinadora actual, Lara Hernández, persona de máxima confianza de Díaz y sucesora designada tras su dimisión post‑europeas. El ritmo es exigente: este sábado se reúne el Grupo de Coordinación, órgano máximo entre congresos, y ese día puede marcar si la crisis se amplía o se contiene.

En ese pulso figura la portavoz de Sumar en el Congreso, Verónica Barbero, señalada por fuentes internas como el referente del sector crítico, aunque desde su entorno subrayan que ella "no se está postulando a nada". Hay, además, otra lectura: varios críticos no colocan un nombre concreto sobre la mesa, pero sí reclaman abrir ya el melón del liderazgo para fortalecer al partido en la era post‑hiperliderazgo. La insistencia en dar voz a la militancia —como declaró Barbero al mostrarse "partidaria" de una nueva asamblea— revela una apuesta por legitimar cambios a través de urnas internas, pero también anticipa el choque entre urgencia y prudencia.

La frecuencia de asambleas —una tercera convocatoria en tan corto plazo— desnuda la inestabilidad. La segunda asamblea ya sirvió para deshacer la hoja de ruta aprobada en la primera: la ambición de convertir a Movimiento Sumar en el paraguas hegemónico de la alianza se vino abajo tras malos resultados electorales y el reequilibrio de fuerzas que empoderó a IU y Más Madrid. La división ahora abierta llega cuando precisamente se negocia la continuidad y la configuración de la alianza con IU, Más Madrid y los Comunes. Hay, por tanto, preocupación explícita en el partido por el daño que pueda causar abrir la contienda interna cuando las conversaciones externas requieren interlocutores estables: Lara Hernández es la persona que mantiene esas negociaciones y la inestabilidad le resta capacidad de interlocución.

En paralelo, la disputa por la candidatura para las generales avanza con su propio calendario y presiones. IU, pieza clave en la alianza, propone acelerar los plazos y elegir candidato en los próximos meses, incluso antes de mayo, con el fin de aprovechar impresiones electorales y disipar dudas en ámbitos autonómicos, como Andalucía, donde la continuidad de cargos locales preocupa a sus dirigentes. El mensaje es claro: los vacíos de liderazgo, según advierten, generan efectos negativos en resultados electorales y conviene cerrarlos cuanto antes.

En ese tablero aparece recurrentemente el nombre de Pablo Bustinduy como candidato de consenso, pero el ministro de Derechos Sociales se ha desmarcado con contundencia: desde hace meses ha venido descartándose por motivos personales y familiares, y este miércoles volvió a rechazar aspirar al puesto. "Yo voy a contribuir en todo lo que esté en mi mano para que la izquierda esté a la altura en el año 27 pero no creo que ese sea el papel que yo deba asumir", dijo en los pasillos del Congreso. Su negativa añade más presión sobre la brújula de la alianza: el consenso no se materializa si el perfil que parecía puente renuncia.

El resultado es una ecuación de difícil solución: prisa versus estabilidad; primarias internas que pueden abrir heridas versus la necesidad de presentar una figura cohesionadora cuanto antes. La izquierda alternativa se enfrenta ahora a una prueba de madurez política: gestionar la sucesión sin fracturarse, acordar la candidatura sin imponer atajos y consolidar una alianza que, sin Yolanda Díaz, exige pactos y renuncias. La alternativa a ese acuerdo es conocida y peligrosa: la dispersión de recursos, la pérdida de interlocución y la convulsión pública cuando menos conviene.

En definitiva, la transición post‑yolandista no es un debate menor de nombres. Es la definición del rumbo para los próximos meses. Las decisiones que se tomen —asambleas extraordinarias, calendarios acelerados, candidaturas consensuadas o descartes personales— determinarán si la alianza sale reforzada o si se verá lastrada por su propia inestabilidad. Y eso, al final, lo pagarán las urnas.

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