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La incógnita kurda en tierra iraní: entre la preparación y el riesgo

Líderes opositores afirman que están listos para entrar, pero subrayan que no lo han hecho y que dependen de apoyo aéreo

Redacción Más España

Redacción · Más España

9 de marzo de 2026 2 min de lectura

Desde el norte de Irak, dirigentes de la oposición kurda iraní han dibujado un escenario técnico y vigilante: llevan décadas organizándose, hoy coordinados en una coalición de seis grupos, y afirman tener planes para cruzar la frontera hacia Irán, pero niegan rotundamente que sus fuerzas ya lo hayan hecho.

Esa negación es clave. Hana Yazdanpana, del Partido de la Libertad del Kurdistán (PAK), insiste en que “ni un solo peshmerga se ha movido”, mientras subraya la necesidad de condiciones tácticas que todavía no se han dado. La petición recurrente es clara: sin un control del espacio aéreo y sin la neutralización de depósitos de armas del régimen iraní, un avance sería “suicida”, en sus palabras, dada la inferioridad tecnológica de sus armas frente al poder de Teherán.

La solicitud de una zona de exclusión aérea y la petición de que Estados Unidos “allane el camino” sitúan la iniciativa kurda en un punto de dependencia: por mucha voluntad e histórica organización, los mismos líderes reconocen que su capacidad para actuar en suelo iraní está supeditada a la dinámica militar regional y a la intervención de terceros.

Ese vínculo con actores externos alimenta desconfianzas fundadas. Las experiencias previas —mencionadas por los propios kurdos— y las decisiones recientes de Washington en otros teatros de conflicto inciden en la prudencia de muchos en el terreno. Al mismo tiempo, algunos dirigentes kurdos adoptan una lectura pragmática: los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra objetivos iraníes pueden crear oportunidades tácticas contra los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), según declara Mustafa Mauludi del PDK.

La dimensión humana y simbólica atraviesa las declaraciones: veteranos opositores relatan persecuciones familiares, detenciones y años de espera, y proyectan retornos cargados de significados como la celebración del Nowruz. Pero la realidad inmediata recuerda los costos: ataques de Teherán ya han alcanzado bases de grupos kurdos en el norte de Irak, con al menos una muerte confirmada tras un lanzamiento de misiles balísticos que destruyó una base del PAK.

La coyuntura plantea una tensión inevitable entre aspiración y cálculo militar. Los kurdos iraníes se presentan organizados y con intenciones conocidas, pero conscientes de su vulnerabilidad. Sus demandas a la comunidad internacional, especialmente a Estados Unidos, y las críticas a la reticencia de otros aliados —como la que expresa Abdullah Mohtadi sobre el Reino Unido— reflejan la búsqueda de garantías que hoy no existen por sí solas.

En suma, el escenario que describe la propia oposición kurda es el de una fuerza preparada y cautelosa: la voluntad de actuar existe, la coordinación es real, pero el paso a la acción depende de factores externos y de la capacidad de evitar que la ofensiva se traduzca en un sacrificio humano sin protección. Es un equilibrio frágil entre esperanza histórica y cálculo de supervivencia.

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