La fractura en Vox: del acuerdo municipal a la baja por 'comportamientos cuasi mafiosos'
El portavoz de Torre Pacheco se va tras denunciar presiones y sellar un pacto de gobernabilidad con el PP

Redacción · Más España


Ha estallado una crisis que no cabe soslayar: el portavoz de Vox en Torre Pacheco, José Francisco Garre, ha decidido dar un paso que es, a la vez, gesto institucional y advertencia política. Tras la aprobación en pleno del acuerdo de coalición con el PP para gobernar el municipio, Garre ha tramitado su baja como afiliado y anunció su renuncia a la vicepresidencia del Comité de Garantías, denunciando presiones y comportamientos que ha calificado de "cuasi mafiosos" por parte de la cúpula nacional.
No es un arrebato: el propio concejal habla de "quince días brutales" con "intentos de amedrentamiento" después de la expulsión del líder provincial. Mantiene, eso sí, su acta y la portavocía municipal, pero como independiente; decisión que conecta la lealtad a la gestión local con la ruptura con el aparato del partido. No hay invenciones aquí, solo hechos: baja formalizada, dimisión en un órgano de control estatutario y continuidad en la gobernanza municipal bajo otra condición orgánica.
Garre no solo denuncia presiones; pone nombre al malestar: la filtración y desmentido de noticias sobre presuntas irregularidades, las "purgas" de figuras que él mismo reconoce como históricas —cita a Iván Espinosa de los Monteros y Javier Ortega Smith— y un trato desigual entre grupos municipales, con "bula" y "visibilidad" para unos y ocultación para otros. Son acusaciones dirigidas hacia la dirección nacional que, en su voz, describen un rumbo de errores concatenados.
Y hay otra palabra que pica en el podio: la de Abascal. Las recientes declaraciones del líder —según Garre— sobre quién debe permanecer o marcharse, son calificadas por el concejal como "desafortunadas". Garre reivindica el respeto hacia afiliados que han trabajado "en muchos casos de forma altruista durante muchos años" por "el proyecto y por España". Es un reproche morigerado en las formas pero rotundo en el fondo: la disciplina interna no puede convertirse en desprecio hacia quienes sostienen la acción municipal.
La coalición con el PP, respaldada por Garre y dos concejalas más, se presenta como justificación para dar "estabilidad" y sacar adelante proyectos como los Presupuestos de 2026. Pero ese pacto, que organiza responsabilidades concretas en el equipo de gobierno local, convive ahora con la fractura interna: Garre no sabe si sus compañeras tomarán el mismo camino de dejar la organización.
Este episodio es una advertencia: cuando la dirección política opta por medidas internas que generan expulsiones, filtraciones y acusaciones públicas, la consecuencia inmediata puede ser la pérdida de cuadros que, en las localidades, sostienen la presencia y la eficacia del proyecto. Los hechos, sin mitos ni aderezos, muestran una tensión que exige respuestas y que obliga a reflexionar sobre el equilibrio entre disciplina orgánica y respeto a quienes gobiernan en nombre del partido.
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