La fatiga social: un tercio de España se distancia de la agenda progresista
Informe H/Orizontes revela división generacional y socioeconómica sobre feminismo, migración y derechos LGTBIQ+

Redacción · Más España


Los datos no son conjeturas: son números que describen una fractura. El informe H/Orizontes, elaborado por la consultora H/Advisors y presentado esta semana, recoge 2.000 entrevistas realizadas entre el 11 y el 13 de marzo a residentes en España —excluyendo Ceuta y Melilla— y refleja que aproximadamente un tercio de la ciudadanía piensa que se ha ido demasiado lejos en cuestiones que, hasta hace no tanto, se consideraban avances sociales indiscutibles.
En el terreno del feminismo, el 31,2% responde que se ha sobrepasado el punto razonable, frente a un 28,4% que cree que la situación es adecuada y un 33,9% que considera que aún queda camino por recorrer. En materia de derechos y visibilidad del colectivo LGTBI, el reparto es similar: 26,3% opina que se ha ido demasiado lejos; 34,3% que se está en el punto adecuado; 30,8% que queda margen para avanzar. Y sobre la presencia y aceptación de personas de origen extranjero, un 30,9% cree que se ha ido demasiado lejos, con un 26% que lo sitúa en equilibrio y un 36,1% que demanda más progreso.
No es una reacción indiferenciada: el estudio dibuja perfiles. Los hombres, especialmente los más jóvenes (generaciones Z y millennial), quienes atraviesan situaciones económicas vulnerables —recurren a ahorros o al endeudamiento— y los votantes próximos a la derecha, en particular a Vox, son los que con mayor claridad declaran que ciertos avances se han excedido. En el extremo opuesto aparecen las mujeres —particularmente de generaciones como la millennial y la X—, las personas con mayor estabilidad económica (quienes logran ahorrar) y quienes se sitúan más próximos a la izquierda, con Sumar señalado en el informe, que tienden a opinar que aún queda etapa por recorrer o que la situación es adecuada.
Estos resultados son un aviso: las transformaciones culturales no avanzan en línea recta ni a ritmo uniforme. La ciudadanía aparece dividida, y esa división se articula por edad, por bolsillo y por preferencia política. No se trata de negar derechos ni de suprimir logros, sino de constatar que una parte significativa de la sociedad percibe que la agenda pública en estos ámbitos ha alcanzado un punto de saturación.
Gobernantes, partidos y actores sociales harían bien en escuchar los números y en evitar la arrogancia del que presume de tener la exclusiva de la razón. Los porcentajes del informe H/Orizontes señalan que la política pública exige equilibrio y diálogo: avanzar cuando haga falta, consolidar cuando procede, y no dar por supuesto que cualquier impulso cultural cuenta con adhesión mayoritaria. Ignorar esa fotografía equivale a gobernar en un país distinto al que vive la mayoría.
La política española enfrenta, pues, un reto claro: traducir debates culturales complejos en políticas que no profundicen la polarización. El mapa que aporta el estudio debe servir para calibrar propuestas y para buscar fórmulas que conecten con generaciones, condiciones económicas y sensibilidades distintas, sin imponer lecturas únicas ni desoír a quien, con cifras en la mano, siente fatiga frente a la agenda pública.
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