La factura histórica de Samsung: 8.000 millones que ponen a prueba el poder familiar
La familia Lee culmina el mayor pago de impuesto de sucesiones en Corea del Sur tras la muerte de Lee Kun-hee

Redacción · Más España


Hay hechos que no admiten eufemismos: la familia que controla el imperio Samsung ha terminado de pagar una cuenta monumental. Doce billones de wones —aproximadamente 8.000 millones de dólares— han sido liquidados en seis cuotas a lo largo de cinco años, vinculados al patrimonio dejado por Lee Kun-hee, fallecido en octubre de 2020.
No se trata solo de una cifra abrumadora por su volumen, sino por su significado político y económico. Con una tasa de sucesiones del 50%, entre las más elevadas del mundo, Corea del Sur ha exigido a los herederos una contribución equivalente a una vez y media la recaudación total del impuesto de sucesiones del país en 2024. Un recordatorio severo: incluso los conglomerados familiares más poderosos quedan expuestos ante las reglas fiscales del Estado.
Los protagonistas son notorios: Lee Jae-yong, presidente ejecutivo de Samsung Electronics, junto a su madre Hong Ra-hee y sus hermanas Lee Boo-jin y Lee Seo-hyun, han asumido esa carga. La familia, que declaró en su momento que "el pago de impuestos es un deber natural de los ciudadanos", también donó parte del patrimonio cultural —incluida la colección de arte de Lee Kun-hee— al Museo Nacional de Corea y a otras instituciones.
Los números ilustran la magnitud del grupo: Lee Kun-hee dejó 26 billones de wones en patrimonio —acciones, propiedades y arte— y la familia Lee posee, según el Índice de Multimillonarios de Bloomberg, un patrimonio conjunto superior a los 45.000 millones de dólares. Su fortuna se ha visto además impulsada por la creciente demanda mundial de chips para inteligencia artificial, que ha elevado el valor bursátil de Samsung Electronics.
Los observadores financieros siguieron de cerca la gestión de esta carga fiscal por una razón clara: podía condicionar la capacidad de la familia para mantener el control del chaebol. Samsung no es una empresa cualquiera; es el mayor chaebol de Corea del Sur, con actividades que abarcan desde la electrónica hasta la construcción y los servicios financieros. El desenlace revela que, en la encrucijada entre fortuna privada y exigencia pública, las normas del Estado pueden imponer límites concretos incluso a los legados más colosales.
No hay moralina añadida ni juicios que excedan los hechos: hubo un patrimonio extraordinario, una obligación fiscal igualmente extraordinaria, pagos realizados en plazos y una decisión de destinar parte del arte a instituciones públicas. El último acto administrativo se ha consumado. Queda por ver, en la órbita económica y en los mercados, cómo repercute esta liquidación sobre la gobernanza y las estrategias futuras del grupo que dio forma a buena parte del tejido productivo surcoreano.
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