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La estrategia perdida de Washington: humillación y vacío estratégico

Friedrich Merz advierte que Estados Unidos carece hoy de una salida clara frente a Irán

Redacción Más España

Redacción · Más España

28 de abril de 2026 3 min de lectura
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La estrategia perdida de Washington: humillación y vacío estratégico
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El diagnóstico de Friedrich Merz no es una hipérbole retórica: es un aviso certero hecho desde la escena pública. El canciller alemán afirmó en Marsberg que Estados Unidos "está siendo humillado por los líderes iraníes" y sostuvo que los iraníes negocian con "mucha habilidad". Palabras duras, pronunciadas con la claridad que exige la gravedad de los hechos.

No es un reproche menor: Merz señaló que lo que ocurre hoy con Irán revela una carencia estratégica profunda. "Es evidente que los estadounidenses no tienen una estrategia", dijo, y recordó una lección amarga ya conocida por Occidente: entrar en conflicto no basta; hay que tener pensado y viable el modo de salir. Afganistán e Irak resuenan como advertencias históricas; el presagio es el mismo cuando no se planifica la retirada ni la transición.

Los hechos recientes dan cuerpo a ese diagnóstico. El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva militar a gran escala, que provocó la respuesta iraní y desencadenó una escalada que incluyó el cierre del estrecho de Ormuz. El impacto no es abstracto: ha encarecido la energía global y golpea economías europeas, incluida la alemana. Merz subraya así que la guerra no es solo una cuestión militar sino una herida abierta en la prosperidad de naciones dependientes del petróleo del Golfo.

La diplomacia, lejos de corregir, parece tropezar. Aunque una tregua acordada entre EE. UU. e Irán entró en vigor el 8 de abril y se prorrogó para permitir negociaciones mediadas por Pakistán en Islamabad, esas conversaciones se han estancado en semanas recientes. Merz describió el patrón con ironía amarga: los iraníes "dejan que los estadounidenses viajen a Islamabad solo para irse de nuevo sin ningún resultado". Allí donde hacen falta resultados, se constata impotencia.

La propia Casa Blanca tomó decisiones que confirman esa sensación: el presidente Donald Trump canceló un viaje de funcionarios estadounidenses a Pakistán para continuar las conversaciones, tras la salida de la delegación iraní de Islamabad, argumentando que se estaba perdiendo "demasiado tiempo" y reclamando que, si Irán quería hablar, "lo único que tenían que hacer era llamar". La correlación de las palabras de Merz con la acción estadounidense dibuja un cuadro nítido: diplomacia intermitente, medidas contradictorias y atención vacilante.

Frente a este panorama, Merz plantea un ofrecimiento europeo concreto: Alemania propuso enviar dragaminas para ayudar a reabrir el estrecho de Ormuz una vez terminado el combate, y ofreció colaboración técnica que podría mitigar el daño económico. Su mensaje es doble: hay capacidad europea para contribuir, pero se necesita primero un fin efectivo de las hostilidades y una negociación con estrategia y resultados.

La lección es clara y urgente. No se trata de buscar culpables retóricos, sino de reconocer una verdad incómoda: sin estrategia de salida y sin diplomacia coherente, las naciones quedan expuestas a la presión de actores que, como Merz advirtió, saben cómo explotar ventajas y negociar con habilidad. Europa, por su parte, puede y debe ofrecer soluciones prácticas; pero tampoco puede sustituir la coherencia estratégica de quien lidera la intervención. El reloj económico y geopolítico avanza y la prioridad debería ser terminar la guerra lo antes posible, por el bien de la estabilidad global y de los ciudadanos afectados por el encarecimiento energético.

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