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La cumbre de Barcelona: punto de inflexión y desafío orgánico para la izquierda

Hana Jalloul sitúa en Barcelona el reagrupamiento progresista frente a la ultraderecha

Redacción Más España

Redacción · Más España

23 de abril de 2026 3 min de lectura
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La cumbre de Barcelona: punto de inflexión y desafío orgánico para la izquierda
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La expresión «punto de inflexión» no se pronuncia a la ligera. Hana Jalloul, responsable de Política Internacional del PSOE y una pieza destacada en la organización, lo ha dicho sin ambages: la cumbre de Barcelona marca un antes y un después para la izquierda mundial. No es un eslogan; es la constatación de que, por primera vez en años, se ha conseguido aglutinar espacios diversos de la izquierda bajo un mismo techo y una misma agenda.

No fue un encuentro folklórico ni una reunión de gabinete: más de 5.500 cuadros, la IV Reunión en Defensa de la Democracia con líderes de gobiernos de más de 15 países y figuras como José Luis Rodríguez Zapatero o Giacomo Filibeck dan fe del alcance. Han venido desde Luiz Inácio Lula da Silva hasta el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa; desde el vicecanciller alemán Lars Klingbeil a Magdalena Andersson, y delegaciones de países tan dispares como Japón, Filipinas, Ghana o Suecia. Esa pluralidad, según Jalloul, ha sido la victoria principal: superar recelos históricos y caminar juntos.

El listado de prioridades que la propia dirigente enumeró —la defensa del derecho internacional, el respeto a la soberanía nacional, el Estado de derecho, combatir la desigualdad, promover los derechos de las mujeres, la lucha contra el cambio climático y la regulación de la inteligencia artificial— no es una retórica neutra. Es el manifiesto de una coalición que pretende presentar un frente común frente a la expansión de la ultraderecha. Y ese frente tiene, añade Jalloul, un manifestante político tangible: la reunión del presidente del Gobierno con los líderes sindicales, un gesto con lectura interna y global.

Organizar un evento así es un ejercicio de ingeniería política y logística. Jalloul subraya que, aunque lo habitual es preparar este tipo de encuentros con al menos un año de margen, lo han logrado en la mitad de ese tiempo. Convocar a plataformas con historias propias, vencer «resquemores» —en sus palabras— y coordinar un centenar de paneles exigió, además de voluntad, una gestión apremiante. Que la Alianza Progresista y la Internacional Socialista, junto al Partido Socialista Europeo, se implicaran fue clave para dar amplitud geográfica y compromiso institucional.

En ese mosaico de esfuerzo, el nombre de Pedro Sánchez aparece como catalizador. Jalloul atribuye al presidente una capacidad de liderazgo que trasciende la socialdemocracia europea y encuentra eco en América Latina y el Sur Global. Cita su denuncia de injusticias en Gaza, Cisjordania o Líbano, su exigencia de poner fin a la guerra contra Irán sin amparo internacional y su iniciativa ante la desinformación y los riesgos de las redes sociales: razones, según ella, por las que Sánchez ha sido percibido con reconocimiento internacional, incluso en espacios como la Cumbre de la Liga Árabe.

No hay triunfalismo vacío en las palabras de la dirigente; hay cálculo político y orgullo reposado. «Hemos subido la autoestima», afirma, y añade que la cumbre ha servido para reconfortarse, intercambiar experiencias y recordar que no están solos, frente a la narrativa de la derecha. Tampoco olvida el mensaje de humildad: España, en esta lectura, aparece como referente progresista, pero proclamado desde la modestia y el agradecimiento por el apoyo recibido.

Queda por ver si la traducción de esa energía colectiva en políticas sólidas y coaliciones efectivas se mantiene más allá del eco de la cumbre. Lo que no admite dudas es que, según quienes la organizaron, Barcelona ha vuelto a poner en marcha un proyecto de unión progresista global que pretende responder, con diagnósticos y propuestas, al avance de agendas ultraconservadoras. Esa pretensión es ahora un desafío operativo: sostenibilidad del diálogo, coherencia entre palabras y actos, y capacidad para transformar el encuentro en resultados concretos.

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