La confesión de las 'chistorras' y la puesta en pie de un teatro de poder
Koldo admite los billetes de 500 y desmiente al ex gerente del PSOE en el juicio de las mascarillas

Redacción · Más España


Ha habido verdades admitidas y reservas calculadas en el estrado del Tribunal Supremo. Koldo García, el hombre señalado por el Ministerio Fiscal como el alter ego del ministro José Luis Ábalos, ha reconocido lo que en la trama se denomina con eufemismo: las "chistorras", esto es, billetes de 500 euros. Lo ha hecho sin admitir, eso sí, que ese dinero proviniera de comisiones.
Esa admisión tiene efecto inmediato: desmiente la exposición que hizo el ex gerente del PSOE sobre las cuentas del partido, porque Aldama aseguró que le entregaba billetes de 500 para compensar gastos anticipados. La constatación de Koldo rompe la versión del ex gerente y abre una grieta evidente entre testimonios que se cruzan en el juicio.
A lo largo del interrogatorio, Koldo se afanó en proteger a quien fuera su jefe, José Luis Ábalos, y al mismo tiempo en marcar distancia con Pedro Sánchez. Negó hablar con el presidente del Gobierno tras su llegada a La Moncloa, si bien admitió trato con Sánchez en la etapa de las primarias y cuando éste lideraba el partido antes de ocupar la presidencia.
La sesión estuvo salpicada de tensiones. El fiscal jefe Anticorrupción, Alejandro Luzón, dirigió preguntas incisivas que provocaron reproches y choques con el acusado: Koldo solicitó ser dejado terminar, quejarse por la actitud del fiscal y mostrar su torpeza como explicación. El presidente del tribunal debió recordar que el acusado no está obligado a contestar.
En materia económica, Koldo negó rotundamente recibir 10.000 euros mensuales del presunto comisionista Víctor de Aldama, frente a las afirmaciones de pagos recurrentes que Aldama había declarado. Cuando Luzón planteó la pregunta concreta —"¿Recibía usted 10.000 euros al mes de Víctor de Aldama?"— la respuesta fue tajante: "No".
La estrategia procesal incluyó la defensa activa de la letrada Leticia de la Hoz, cuyas continuas interrupciones irritaron al fiscal. Luzón llegó a decir que en 35 años de ejercicio no había sido interrumpido así por un letrado y se quejó de soportar ese comportamiento a lo largo del juicio.
Koldo describió además su labor: llevaba la agenda del ministro, aligeraba las labores mundanas para que Ábalos se dedicara a lo esencial y realizó gestiones diarias que, dijo, muchas veces el ex ministro ni siquiera conocía. Al mismo tiempo, expresó gratitud hacia Ábalos: "Le estaré toda mi vida agradecido", afirmó.
El juicio no concluye aquí. La vista se reanudará el lunes con el interrogatorio a José Luis Ábalos, que hereda el foco de una instrucción que sigue desplegando versiones enfrentadas y lealtades cruzadas en el corazón del proceso por las mascarillas.
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