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La cobarde agresión a Bianca: miedo, heridas y la pregunta que exige respuesta

La joven Miss Trans Zamora fue atacada en un pub; cinco detenidas, pero no por delito de odio según la investigación abierta

Redacción Más España

Redacción · Más España

29 de marzo de 2026 3 min de lectura
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La cobarde agresión a Bianca: miedo, heridas y la pregunta que exige respuesta
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Hay heridas que no solo marcan la piel; hay heridas que desdibujan la tranquilidad de una vida. Bianca Lizbeth Fernández, joven de 21 años y recientemente coronada Miss Trans Zamora, fue atacada en un pub de La Bañeza (León). La secuencia, según su propio testimonio grabado y difundido en redes, es escalofriante por su brutalidad y por su sencillez: salió del trabajo, tomó una copa, fue al servicio de mujeres —“el género que me corresponde, lo pone en mi DNI, y aunque no lo pusiera, soy una mujer trans, soy mujer”— y allí comenzó la agresión verbal que derivó en agresión física.

Lo que siguió, narrado por Bianca y confirmado por su entorno, recuerda a episodios de violencia colectiva: insultos, lanzamiento de sus gafas, tirón del pelo, una botella rota en la cabeza, y luego una multitud que la abordó al salir. Fue trasladada en ambulancia: siete puntos en el párpado, dos en la ceja, un gran coágulo que motivó temores de fractura mandibular que, por ahora, parecen descartados. La joven sufre miedo, pánico y pesadillas; su entorno habla de un terror tan inmediato que su madre llegó a comparar lo ocurrido con el suceso de Samuel Luiz.

La Guardia Civil ha detenido a cinco mujeres, de entre 18 y 24 años, imputadas por un delito de lesiones y por riña tumultuaria. Y aquí aparece la tensión central: Bianca y la organización Miss y Míster Trans España, personificada en la voz de su presidenta Daniela Vallejo, insisten en que la agresión estuvo motivada por su condición de persona trans —por haber utilizado un servicio de mujeres— y reclaman que se investigue y tipifique como posible delito de odio. Desde la Subdelegación del Gobierno se precisa que la calificación de delito de odio corresponde determinarla al juez que instruye la causa.

No es menor la dimensión pública del caso: la Plataforma Trans ha convocado una concentración de solidaridad en la plaza de Pedro Zerolo, en Madrid, donde se visibiliza el apoyo a Bianca y la denuncia de la violencia y el odio contra las personas trans. Sus compañeras del certamen han puesto en marcha una colecta para reponerle las gafas y sostenerla en la recuperación; Bianca debía representar a Zamora en el concurso nacional el próximo 13 de junio.

Los hechos plantean preguntas que requieren respuestas claras y rápidas de las instituciones: ¿se han recogido todas las pruebas que permitan determinar el móvil de la agresión? ¿se protege con la suficiente diligencia a las víctimas de delitos que podrían tener motivación de odio? La justicia —y la sociedad— debe actuar con la misma contundencia con que se condena la brutalidad física y el miedo que deja atrás.

Mientras tanto, Bianca sigue aconsejada por su abogado y por la policía para guardar silencio mediático; desea agradecer, quizás en un vídeo, el apoyo recibido. Pero el clamor que nace de su caso no debe limitarse a la conmoción: exige certidumbre jurídica, reparación y medidas que impidan que una joven vuelva a sentir, como dijo su interlocutora, que “hubo un momento en que se vio muerta”.

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