EE.UU.

La Casa Blanca de invierno: el sur de Florida como epicentro del poder de Trump

Mar‑a‑Lago y los círculos floridanos concentran decisiones, visitas diplomáticas y parte del equipo presidencial

Redacción Más España

Redacción · Más España

9 de marzo de 2026 2 min de lectura

La imagen de Donald Trump recorriendo los pasillos de Mar‑a‑Lago, recibiendo a mandatarios y organizando operaciones desde salas improvisadas, es la que ha dibujado la cobertura de BBC Mundo sobre el nuevo mapa del poder estadounidense. Lo que antes podía percibirse como una residencia de verano o un refugio privado ha adquirido ahora funciones que rozan lo institucional: recepción de presidentes, coordinación de acciones de gobierno y escenario de cumbres.

Que Volodymyr Zelensky se reuniera en Mar‑a‑Lago en medio de negociaciones con Rusia, que Benjamin Netanyahu visitara el club privado en la gala de Año Nuevo y que desde la misma residencia se supervisaran operativos en Caracas y acciones relacionadas con Irán son hechos que, juntos, configuran una lógica distinta. No es solo la concentración de imágenes: es la repetida presencia de la Casa Presidencial fuera de la Casa Blanca y la conversión de espacios privados en escenarios de política exterior.

A esa centralidad simbólica y práctica se suma una red humana y organizativa asentada en Florida. La presencia de altos cargos con vínculos en el estado —desde el secretario de Estado, Marco Rubio, hasta la jefa de gabinete Susie Wiles, pasando por la fiscal general Pam Bondi y otros asesores—, junto con un tercio de los embajadores designados con lazos floridanos, subraya que muchas voces que escucharía el presidente proceden del sur del estado.

La agenda diplomática del entorno inmediato del mandatario confirma ese desplazamiento: la cumbre Shield of the Americas que reunirá a presidentes latinoamericanos en Trump National Doral y la elección de clubes privados de golf como sedes de encuentros internacionales (incluida la futura cumbre del G20 señalada para diciembre en uno de sus campos) muestran una apostura deliberada por convertir propiedades privadas en foros públicos.

Este fenómeno plantea preguntas inevitables sobre la naturaleza de la política exterior y la toma de decisiones cuando confluyen intereses personales, instalaciones privadas y funciones públicas. La cobertura no atribuye intenciones ocultas ni formula juicios legales; sí documenta un desplazamiento real del epicentro operativo y diplomático hacia el sur de Florida y una concentración de interlocutores con raíces en ese territorio.

La centralidad floridana, tal como la relata la crónica, no es un detalle anecdótico: impacta en quiénes participan en las decisiones, dónde se negocian crisis internacionales y cómo se proyecta la imagen del poder estadounidense. Observar esa transformación y sus consecuencias exige atención: cuando un club privado empieza a funcionar como sala de crisis, el borde entre lo personal y lo público deja de ser una mera advertencia y se convierte en un hecho concreto.

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