Jaén exige reparación: la injusticia territorial que reclama voz en el Parlamento
Jaén Merece Más encarna el clamor de la España Vaciada y se aferra al agravio para abrirse paso en la política andaluza

Redacción · Más España


Hubo un día, el 31 de marzo de 2019, en que decenas de plataformas ciudadanas se plantaron en Madrid con el grito de las provincias que se sienten abandonadas. Casi 100.000 personas acudieron entonces a elevar la protesta de territorios como Jaén, Soria, Teruel o Ávila: no pedían favores, reclamaban justicia territorial. De aquel clamor nació una política nueva, nacida del cansancio, que hoy se hace partido y aspira a convertir la queja en decisión.
Jaén Merece Más es el fruto de esa revuelta. Conraído en el terreno municipal, el partido ha construido una presencia tangible: una alcaldía en Santiago-Pontones y gobiernos de coalición en la capital con el PSOE, y en Baeza o Santisteban del Puerto con el PP. Pero la política autonómica exige otro umbral: en las pasadas elecciones autonómicas JM+ reunió 18.873 votos (2,25%), quedando a menos de 3.000 votos de franquear la barrera del 3% necesaria para entrar en el Parlamento andaluz. La proximidad del resultado no disimula la dureza del sistema: la provincia quedó fuera de la Cámara por una raya en la urna.
El argumento público de JM+ no es ornamental: apela a datos duros que muestran un territorio en retroceso. Según el INE, Jaén ha perdido más de 40.000 habitantes en la última década (2014-2024), un desplome del 6,1% que desvela la sangría demográfica y la fuga de jóvenes en busca de oportunidades. A ello se suman señales económicas y administrativas que alimentan la narrativa del agravio: en marzo la provincia fue la única donde subió el desempleo, y la inversión pública—tanto estatal como autonómica—sitúa a Jaén en la retaguardia. Incumplimientos en la financiación universitaria y promesas de infraestructuras que no se materializan, como el AVE, consolidan la sensación de desprecio.
Desde la tribuna del partido, Luis García Millán, candidato desde noviembre, promete convertir a JM+ en «palanca» y no en simple «bisagra»: entrar al Parlamento para forzar inversiones y quebrar el bucle de desidia institucional. Su presidente, Juanma Camacho, sostiene que la formación obtendría escaño según una encuesta de EM Analytics que les otorga cerca de 34.000 votos. JM+ denuncia además una supuesta invisibilidad en los sondeos oficiales: acusa al CIS y al Centro de la Junta de excluirles por órdenes de PSOE y PP para frenar una realidad demoscópica que, dicen, existe.
Pero no basta con la indignación legítima para consolidar una fuerza política. Existen frenos estructurales: el arraigo histórico de PP y PSOE en la provincia y la posible nacionalización de la contienda andaluza que atenúa los asuntos locales. Y también hay una trampa interna propia de estas formaciones: la transversalidad que enamora en campaña puede tornarse en fragilidad en el gobierno. Como advierte el politólogo Jesús María Pegalajar, la percepción de neutralidad se rompe cuando hay que apoyar a uno u otro partido tradicional y tomar decisiones concretas. La recompensa electoral del primer impulso puede convertirse, de repente, en desgaste si los votantes perciben cesiones.
La pregunta que queda, ineludible y urgente, es si Jaén obtendrá resultados tangibles o si la indignación volverá a quedar en gesto. Si la provincia logra avanzar en infraestructuras, empleo y conectividad, el relato de los partidos territoriales se fortalecerá. Si no, el desencanto volverá a redibujar el mapa político en clave de frustración. Entre la apelación legítima al agravio y la dura artesanía del gobierno, Jaén demanda una respuesta: no más promesas sonoras, sino hechos que restituyan la dignidad de un territorio que reclama ser tratado como prioridad y no como periferia.
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