Izquierda Unida: cuarenta años de anticipación y la llamada urgente a un frente amplio
Maíllo reivindica legado, pide unidad de la izquierda y exige más medidas reales en el Gobierno

Redacción · Más España


Izquierda Unida ha celebrado cuatro décadas de historia mostrando, con voz queda pero firme, que no pretende recrear nostalgias sino certificar aportaciones. Antonio Maíllo, coordinador federal, situó en el centro de la conmemoración la tesis que ha guiado a la formación: haber anticipado debates que hoy forman parte del sentido común político y social —ecologismo, feminismo, memoria histórica y derechos LGTBI—, y haberlo hecho desde la perseverancia y la coherencia.
Al acto asistieron figuras que trazan la biografía del proyecto: Cayo Lara, Gaspar Llamazares y Alberto Garzón, entre otros. Maíllo no se limitó a enunciar logros simbólicos: reivindicó conquistas tangibles impulsadas por IU, como la defensa de la sanidad pública universal y el reconocimiento de derechos sociales, y puso sobre la mesa decisiones del presente Gobierno que, según él, llevan la impronta de la organización, entre ellas el reconocimiento del Estado de Palestina por parte de España.
El coordinador fue más allá de la memoria: marcó horizonte. Habló de la necesidad de avanzar hacia el reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática y situó la vivienda como uno de los grandes desafíos de futuro. Defendió una política «alejada del tacticismo», comprometida con metas a largo plazo, convencido de que propuestas hoy minoritarias acabarán abriéndose paso con el tiempo.
El contexto que dibujó Maíllo es de alarma democrática: citó el crecimiento de la extrema derecha y acusó a fuerzas que, a su juicio, han abandonado la derecha clásica —con una mención crítica al PP— por adherirse a corrientes reaccionarias y autoritarias que, dijo, suponen una amenaza a las bases democráticas y a los derechos conquistados.
Frente a eso, la receta fue la unidad de la izquierda. Maíllo apeló a construir «un frente amplio» capaz de responder a los desafíos actuales y pidió a las fuerzas progresistas responsabilidad histórica para estar a la altura del momento. En el mismo acto, la ministra Sira Rego reclamó que la izquierda siga siendo «útil» y conectada con los conflictos sociales, y Enrique Santiago subrayó la centralidad de la unidad del movimiento obrero y el papel de IU en la defensa de la paz, el internacionalismo y las conquistas sociales.
El tono también incluyó un reproche concreto al trabajo gubernamental: «Menos Forum Barcelona y más BOE en el consejo de ministros», reclamó Maíllo, exigiendo mayor intervención en el mercado y más vivienda pública. No fue una metáfora vacía sino una exigencia de medidas: pasar del teatro a las musas, traducir la presencia en el Ejecutivo en políticas concretas que materialicen derechos.
La conclusión es doble y clara: Izquierda Unida reclama la dignidad de su legado y exige que esa herencia se traduzca en políticas reales. Y al mismo tiempo convoca a la izquierda a un frente amplio, con la urgencia que imponen las amenazas a las garantías democráticas y los retos sociales del país.
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