Inflación desbocada: 4,2% en EE. UU. y la factura la pagan los hogares
La subida más rápida en tres años, impulsada por la energía y la tensión geopolítica

Redacción · Más España


La economía estadounidense registra un salto que no puede ignorarse: la inflación se disparó hasta el 4,2% en mayo, la tasa más alta desde abril de 2023, según la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS).
No se trata de matices retóricos sino de cifras crudas: el Índice de Precios al Consumidor acumuló su tercer mes consecutivo al alza, y el principal motor fue la energía. En mayo, las facturas de gas y electricidad fueron casi un 25% mayores que hace un año, y la gasolina aparece como la pieza central de este aumento inflacionario.
Los conductores lo constatan en el surtidor: el precio medio del galón de gasolina regular está en US$4,15, un salto claro frente a los US$2,98 registrados el 28 de febrero, fecha en que el presidente Donald Trump ordenó ataques contra Irán. Como respuesta, Irán bloqueó de facto el estratégico estrecho de Ormuz —vía por la que transita cerca de una quinta parte del petróleo y el gas mundiales—, y ello ha provocado un fuerte repunte de los precios.
El impacto no se reduce a la energía. Otros capítulos que empujaron el IPC al alza fueron los billetes de avión, el cuidado personal y médico, el ocio y las comunicaciones. El objetivo a largo plazo de la Reserva Federal es claramente el 2%: hoy la realidad está por encima de esa referencia.
En clave política, el dato complica la agenda de Donald Trump y de los republicanos ante las elecciones de mitad de mandato. Trump había prometido situar la reducción de la inflación en el centro de su programa, pero la combinación de precios más altos y la guerra en el Golfo plantea un panorama distinto para el votante que nota la pérdida de poder adquisitivo.
Y hay consecuencias para la política monetaria: una inflación persistentemente por encima del objetivo eleva la probabilidad de que la Reserva Federal, bajo el nuevo gobernador Kevin Warsh, opte por subir tipos para frenar la demanda. Economistas debaten: algunos señalan que el dato de mayo, por sí solo, no obliga a un alza; otros recuerdan que, junto con cifras de empleo sólidas, la subida de tipos sería la conclusión más lógica.
Por si fuera poco, los pronósticos independientes advierten que, incluso con una resolución rápida del conflicto, el flujo normal de productos por el estrecho de Ormuz podría no restablecerse hasta 2027. Son palabras que traducen riesgo prolongado y presión sostenida sobre los precios.
El ciudadano de a pie paga hoy la cuenta: combustible más caro, mayor coste de la energía en casa, billetes y servicios más onerosos. La pregunta es meridiana y exige respuesta: ¿quién asume la responsabilidad de estabilizar la economía y aliviar el bolsillo de las familias cuando la geopolítica y las decisiones militares elevan la factura diaria?
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