Hoy vuelve a casa: la búsqueda que el Estado no supo completar
Ceci Flores, fundadora de Madres Buscadoras de Sonora, recibe la confirmación genética de la muerte de su hijo tras casi siete años

Redacción · Más España


Casi siete años después de la desaparición de Marco Antonio Sauceda Rocha, la Fiscalía General de Justicia del Estado de Sonora (FGJES) emitió la noticia que ninguna madre quisiera oír: la prueba de ADN confirmó la identidad de los restos encontrados.
Ceci Flores, presidenta y fundadora del colectivo Madres Buscadoras de Sonora, anunció el hallazgo en su cuenta de X con dolor contenido y con la constatación de una verdad que la perseguía desde el 4 de mayo de 2019. Junto a restos óseos se encontró además una camisa y prendas que coincidían con las que llevaba Marco Antonio cuando desapareció; la hermana, Milagros Valenzuela, reconoció rasgos dentales que reforzaron la identificación.
Los restos aparecieron en un predio rural de Hermosillo, capital de Sonora. No fue localizado el cuerpo completo, y las labores de búsqueda continuarán en la zona. Los servicios funerarios se realizaron en Bahía de Kino, en el domicilio familiar, con velatorio previo al enterramiento previsto en el panteón local.
La historia de Flores no es una excepción: su empeño en buscar a su hijo la llevó a fundar un colectivo que, según la cobertura, ha localizado más de 2.000 cuerpos en fosas clandestinas y ha reunido a familias con restos que, en muchos casos, las autoridades habían ignorado.
El drama de una madre ilumina así una crisis colectiva. El Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) reconoce unas 130.000 desapariciones. La propia presidenta Claudia Sheinbaum ha dicho que es necesario revisar esas cifras, convencida de que el dato rebasa la realidad, mientras ONG denuncian que esa revisión podría minimizar un problema que afecta a miles de familias.
Ceci Flores, nombrada por la BBC en 2022 entre las 100 mujeres más influyentes del mundo, ha pagado un alto precio por su activismo: amenazas de muerte que la han obligado a desplazarse fuera de Sonora y problemas de salud. Aun así, mantiene la búsqueda; ahora, además de Marco Antonio, la familia continuará buscando a otro de sus hijos, Alejandro Guadalupe Flores Armenta, desaparecido en 2015 en Los Mochis, Sinaloa.
La confirmación genética y el velorio devuelven por un instante la dignidad de un nombre y un territorio íntimo: el hogar donde una familia puede velar y enterrar a su hijo. Pero la nota de alivio personal no disuelve la pregunta pública y urgente: ¿por qué tantas familias deben convertirse en buscadoras para hallar lo que debería garantizar el Estado? El hallazgo de Marco Antonio es una victoria amarga, un cierre parcial para una familia y una nueva llamada de atención sobre la magnitud de las desapariciones en México.
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