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Hondius: la evacuación que obligó a España a medir con rigor el miedo mundial

Un operativo inédito por un brote de hantavirus que puso a la isla en vilo y a la diplomacia en primera línea

Redacción Más España

Redacción · Más España

9 de mayo de 2026 3 min de lectura
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Hondius: la evacuación que obligó a España a medir con rigor el miedo mundial
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La llegada del MV Hondius a aguas de Tenerife no fue solo la arruga de un ancla sobre el mar: fue la sensación colectiva de un planeta que, aún marcado por el covid-19, volvió a contener el aliento. Un brote de hantavirus de los Andes, que ya ha causado tres víctimas mortales y al menos seis contagios conocidos, transformó un crucero de lujo en epicentro de una crisis sanitaria con repercusiones internacionales.

España, y muy especialmente la isla de Tenerife, ejercieron como escenario y cuerpo de la respuesta. Tedros Adhanom, director general de la OMS, destacó la labor española en la logística; desde tierra, el Gobierno desplegó ministros al pie del muelle y puso en marcha un plan de evacuación que involucró a 23 países: 22 estados más España, con siete aviones extranjeros ya en ruta para repatriar a sus nacionales.

No era gesto simbólico ni improvisación: el Ministerio de Interior, representado por Fernando Grande‑Marlaska, cifró esfuerzos policiales en 358 efectivos y defendió la premura para que los 147 pasajeros que permanecían a bordo —y el cadáver adicional citado por el operativo— pudieran volar “lo más rápido posible” a sus países. Según fuentes del dispositivo, hasta 96 pasajeros extranjeros estaban previstos para facturarse hacia sus destinos durante la jornada, mientras que los 14 españoles serán sometidos a cuarentena en el Hospital Militar Gómez Ulla, en Madrid.

La maniobra, además de sanitaria, fue política. La decisión del Ejecutivo central de situar ministros y cobertura mediática en el puesto de mando a un kilómetro del muelle buscó proyectar autoridad y gestión, y suscitó también críticas y tensiones locales: estibadores temieron por la seguridad y llegaron a amenazar con bloquear el buque; el Gobierno canario y el Ministerio de Sanidad negociaron la opción de que el Hondius fondeara fuera del puerto, una solución exigida por el presidente canario Fernando Clavijo.

Pero la geografía y el mar no se rinden ante la política. Expertos canarios advirtieron de que la rada de Granadilla apenas dispone de zona de fondeo usable: fuera de la bocana el fondo desciende a más de 1.000 metros, lo que impide el agarre seguro de anclas habituales. A ello se añadía la condición meteorológica —vientos fuertes en la zona que, según estibadores, impiden incluso apilar contenedores—, elementos que convirtieron cualquier extracción en una maniobra técnicamente delicada.

La solución adoptada fue salomónica: el crucero no atracó para evitar todo contacto directo con el muelle, pero tampoco quedó a la deriva en mar abierto. Fondeó en el interior del puerto y se activó un trasvase coordinado que, según la ministra de Sanidad Mónica García, es “un dispositivo inédito” que se hará “con las mayores garantías de seguridad”. El tono de prudencia de las autoridades se sustentó, además, en que la OMS no había registrado hasta el cierre de la edición síntomas declarados entre los pasajeros.

Este episodio deja al descubierto varias realidades: la fragilidad de las infraestructuras portuarias poco utilizadas, la complejidad operativa de una evacuación multinacional en aguas insulares y la necesidad de que la coordinación entre administraciones funcione sin fisuras cuando sobre la mesa hay no solo vidas, sino la contención del pánico global. España ejerció la coordinación; la operación sigue su curso y, por ahora, la prioridad pública se mantiene: seguridad, aislamiento controlado y retorno ordenado de los afectados a sus países de origen.

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