Hipocresía belicosa: Sánchez desenmascara a Feijóo y Abascal
El presidente advierte que apoyar la guerra no paga la factura del ciudadano

Redacción · Más España


La política no admite gestos vacíos; admite consecuencias. En un acto de campaña en Castilla y León, con la ministra de Igualdad, Ana Redondo, y el candidato Carlos Martínez a su lado, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pronunció una acusación directa y sin circunloquios: Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal apoyan una guerra —la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, referida en el propio discurso como «la guerra de Trump en Irán»— que, dijo, va a perjudicar a los españoles al encarecer su día a día.
«Son unos hipócritas, porque es muy fácil ser belicoso a costa del bolsillo de los demás», afirmó Sánchez ante un auditorio que recuperó y coreó el lema 'No a la guerra'. No fue una metáfora retórica: el presidente señaló con nombre y apellidos el real impacto económico que provoca el respaldo a un conflicto lejano: «Feijóo no va a pagar el gas o la calefacción de los españoles ni Abascal la gasolina de los tractores». Palabras concretas sobre efectos concretos.
La escena fue cuidadosamente mediatizada: presentado como «el superhéroe de la paz» por la ministra, con la bandera de España de fondo y el grito de «presidente» resonando, Sánchez colocó la defensa de la paz y el interés material de los ciudadanos en primer plano. No se trata solo de posiciones internacionales; se trata de quién asume —y quién elude— la responsabilidad por las consecuencias económicas que derivan de apoyar conflictos.
El reproche es nítido y contundente: ser belicoso no es un acto inocuo cuando las facturas llegan a los hogares. Sánchez trazó la relación entre política exterior y bolsillo doméstico y reclamó coherencia: si se promueve o apoya una guerra, deben asumirse las repercusiones que ello provoca en la vida diaria de los españoles. Así lo expuso ante sus apoyos en la campaña autonómica, con un mensaje que busca unir patriotismo, responsabilidad y la demanda de previsión frente a decisiones que no pagarán otros que no sean los ciudadanos.
Queda, para el debate público, la pregunta que subyace al reproche presidencial: ¿quién asume las consecuencias de las políticas que abrazan la confrontación internacional? Sánchez volcó la respuesta en el auditorio: que no la pagarán ni Feijóo ni Abascal, sino las familias y los trabajadores que ven cómo se encarece su día a día. Esa es la acusación que puso sobre la mesa en Castilla y León, con la solemnidad y la teatralidad que exige un acto de campaña.
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