Hantavirus: urgente mesura, no histeria
El brote en el MV Hondius reabre alertas; los datos mandan y matizan el pánico

Redacción · Más España


Un barco neerlandés que zarpó de Ushuaia el 1 de abril ha puesto sobre la mesa un dilema elemental: miedo colectivo frente a hechos concretos. El MV Hondius dejó tres fallecidos y varios casos confirmados de la variedad Andes del hantavirus; el escenario merece atención, investigación y medidas serias. No, no merece pánico desordenado.
Que la cepa Andina pueda transmitirse entre personas —algo inusual en los hantavirus— es un dato que encendería cualquier alarma. Pero los expertos subrayan, con riguroso realismo, que la dinámica epidemiológica del hantavirus no es comparable a la de la covid-19. No es lo mismo contagio respiratorio eficiente en grandes poblaciones que un virus cuyo reservorio principal es un roedor: el ratón colilargo.
Pensemos con claridad: en Argentina el virus circula en regiones concretas —La Pampa, islas del Delta, Entre Ríos, la yunga del noroeste, bosques patagónicos— y en la última década no se registraron casos en Tierra del Fuego, donde el crucero inició su travesía. El reservorio mantiene la infección de forma crónica y elimina el virus por orina, saliva y excrementos; la vía de contagio humana comúnmente es la inhalación de partículas contaminadas en espacios cerrados y poco ventilados, como galpones o cabañas que han permanecido clausurados.
Los números importan. Entre 2018 y 2026 Argentina contabilizó 646 casos; en lo que va de este año hubo alrededor de 42 casos en los primeros cuatro meses, un ligero aumento respecto al año anterior. Son cifras que definen una enfermedad poco frecuente, con brotes limitados y, por lo general, controlables con vigilancia sanitaria adecuada.
¿Y el misterio del “caso cero” a bordo? La pareja neerlandesa que recorrió la Patagonia —incluyendo zonas endémicas— no puede explicar su itinerario porque falleció, y el periodo de incubación admite variaciones: lo habitual se sitúa entre 7 y 21-25 días, aunque algunos autores sostienen hasta 40 o 45 días. La OMS ha señalado a Ushuaia como lugar probable de enfermarse, pero sin categórica certeza. ¿Qué implica esto? Que la investigación epidemiológica debe ser técnica, minuciosa y sin saltos conclusivos.
No podemos permitir que la incertidumbre se convierta en catástrofe comunicativa: el hecho de que haya transmisión persona a persona en la variedad Andes obliga a prudencia y esfuerzo sanitario, no a alarmismo. Las autoridades de Argentina, Chile y Uruguay investigan los recorridos de la pareja y las condiciones del crucero; corresponde apoyar esas pesquisas, reforzar medidas de control en espacios cerrados y comunicar con rigor.
En suma: respeto a las víctimas, solidaridad con las investigaciones y firmeza en la información. Epidemias y pandemias se previenen con datos, medidas y disciplina ciudadana, no con titulares que doblan la campana del miedo. Vigilancia, ciencia y responsabilidad: esa debe ser la guía.
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