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Ferraz en sobres: dos viajes, una confesión y muchas preguntas

El primer día del juicio en el Supremo abre la caja de los pagos en efectivo en la sede del PSOE

Redacción Más España

Redacción · Más España

8 de abril de 2026 3 min de lectura
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Ferraz en sobres: dos viajes, una confesión y muchas preguntas
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Arrancó en el Tribunal Supremo un nuevo capítulo de la causa que tiene en el centro a antiguos responsables del Ministerio de Transportes y de la organización del PSOE. La escena: el Salón de Plenos; los protagonistas: acusados, testigos y documentos. Y, sobre la mesa, la vieja y torpe costumbre del efectivo entregado en sobres.

Joseba García, hermano del exasesor Koldo García, respondió en sede judicial a las preguntas de la defensa y no eludió lo esencial: reconoce haber ido a Ferraz "dos veces" para recoger dinero destinado, según le dijeron, a Patricia Uriz, esposa de Koldo. Describe la secuencia con la sobriedad del que rememora un trámite: identificarse, pasar el arco de metales, subir donde le indicaban y recibir un sobre que le entregaron: "toma, aquí tienes el dinero". Confiesa no haber abierto los sobres; sin embargo, ratifica que uno fue cerrado delante de él, lo que le permitió saber que contenía efectivo.

Esos reconocimientos coinciden con otra pieza del rompecabezas investigado: la Fiscalía y el juez han puesto el foco en los pagos en efectivo que, durante la etapa de Óscar Santos Cerdán y José Luis Ábalos como secretarios de Organización, salieron de la sede de Ferraz. El magistrado del Supremo entendió que el esquema exigía ser examinado y ordenó a la Audiencia Nacional profundizar en los apuntes y movimientos; ahora, bajo secreto, se investigan "todos los pagos en efectivo" relativos a ese periodo.

En paralelo, el primer testigo llamado —Víctor Ábalos, hijo del exministro— ofreció versiones destinadas a despejar sospechas sobre la confusión de patrimonios. Negó que su padre hubiera aceptado un piso en Paseo de la Castellana 164: lo calificó como "una estafa" por la existencia, afirmó, de un ocupante que impedía la posesión y dijo que ni siquiera llegaron a tener llaves. Fue taxativo al sostener que el dinero que entregó a su padre provenía de sus ingresos y que no actúa como custodio de nadie.

También negó haber usado sistemas cifrados para comunicarse con el exasesor Koldo García y rechazó que el mensaje "Café por favor" fuera una clave para teléfonos encriptados: para él, el café era literal, producto originario de Colombia que le encargaban.

El juicio, que se abrió con la lectura de declaraciones por escrito de figuras relevantes —entre ellas Francina Armengol y Ángel Víctor Torres—, pone en evidencia dos realidades simultáneas: declaraciones que buscan acotar responsabilidades y un entramado de prácticas que la investigación judicial ha considerado lo bastante inquietantes como para exigir una pesquisa profunda sobre los pagos en metálico en la sede del partido.

No se trata aquí de sentenciar, sino de subrayar lo que los hechos ya han dicho en voz alta en la sala: sobres que cambian de manos, visitas registradas a Ferraz para recoger efectivo y testimonios que, en su literalidad, obligan a quienes gestionan la cosa pública a responder con transparencia. Porque cuando la política se mezcla con sobres y gestiones opacas, la confianza del ciudadano se erosionará, y esa erosión no la remedia la retórica, sino la claridad y la rendición de cuentas.

El proceso continúa y la instrucción sigue su curso: la Justicia desplegará su trabajo y los españoles, atentos, esperan que de la sede y de los relatos brote finalmente la luz que aclare qué fue gasto de partido, qué fue costumbre y qué, si lo hubiera, entra en la esfera de lo irregular.

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