España, sola en la gira: el Gobierno elude a María Corina y replica culpas
La única parada europea sin encuentro oficial con la opositora desnuda la incomodidad del Ejecutivo

Redacción · Más España


La escena es clara y, por desgracia, elocuente. María Corina Machado recorre Europa y es recibida por líderes como Donald Trump, Emmanuel Macron, Giorgia Meloni o Rob Jetten. En todos esos países encuentra atención oficial; en España, no. Somos la excepción en una gira que, por su propia naturaleza, buscaba precisamente reconocimiento y respaldo.
No se trata de una omisión menor ni de un contratiempo logístico. El relato público de estos días dibuja un Gobierno que ha preferido marcar distancias —o al menos evitar una fotografía institucional— con la ganadora de unas elecciones venezolanas cuya legitimidad ha sido objeto de atención internacional. Y eso, frente a la historia viva de medio millón de venezolanos que viven entre nosotros, no es una frivolidad: es una decisión política con efecto simbólico.
Las explicaciones oficiales, por otra parte, no ayudan a despejar dudas. La secretaria de Estado para Iberoamérica, Susana Sumelzo, asegura que el Ejecutivo ofreció encuentros y que no existe constancia de petición formal por parte del equipo de Machado. Al mismo tiempo, la propia Machado declara que "no es conveniente" reunirse ahora con el Gobierno. Un intercambio de mensajes que termina pareciendo más un juego de gestos que una política exterior firme y transparente.
Hay además antecedentes que pesan. El Ejecutivo no felicitó a Machado por el Nobel de la Paz; el cambio de embajador y la petición del ministro Albares de ver las actas de los resultados electorales contrastan con la rapidez con la que se solicitó levantar sanciones a Delcy Rodríguez. No invento causalidades: señalo hechos que, juntos, trazan una pauta. Y esa pauta es la de una prudencia —o una indecisión— que, en política exterior, puede interpretarse como alineamiento o, cuando menos, como falta de convicción.
Es legítimo que un Gobierno busque equilibrios diplomáticos. Pero la diplomacia no vive sólo de equilibrismos: necesita coherencia y claridad. Cuando un país es la excepción a una tendencia europea, conviene explicar con nitidez por qué. Evitar la foto con una líder que recibe a mandatarios extranjeros y que simultáneamente convoca a miles en la Puerta del Sol —en una capital donde más de medio millón de compatriotas de ese país residen— no es una cuestión de protocolo: es una decisión con mensaje.
Queda también la cuestión del propio relato. El Ejecutivo afirma mantener contactos regulares y normalidad con todos los actores políticos de Venezuela. Sin embargo, la realidad tangible de estos días habla de un distanciamiento público entre Madrid y la oposición venezolana en viaje por Europa. Los ciudadanos merecen saber si esa distancia es táctica, prudente o fruto de una preferencia política. Y merecen, además, una explicación que vaya más allá del intercambio de versiones entre la Casa de Gobierno y el equipo de la opositora.
España tiene derecho a definir su política exterior; pero ese derecho no exime de la obligación de coherencia. Ser la excepción en una gira que suma recepciones oficiales en otras capitales no es un detalle menor: es un síntoma que el Gobierno debe aclarar ante la opinión pública. Porque, en política y en diplomacia, las ausencias hablan tanto como las presencias, y no siempre dicen lo que conviene al interés nacional.
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