España repliega tropas en Irak: la prudencia manda, la alianza actúa
La OTAN ajusta su misión y Madrid evacúa a 178 militares ante la escalada en Oriente Próximo

Redacción · Más España


La prudencia es a veces la más clara forma de responsabilidad. En apenas días, la tensión en Oriente Próximo —con el recrudecimiento de ataques entre Israel, Estados Unidos e Irán— ha forzado a las organizaciones internacionales y a los Estados a reordenar su presencia en la región. La OTAN ha decidido «ajustar» su postura en Irak y España procederá a evacuar a los 178 militares desplegados en la misión, una decisión que no es capricho sino obligación frente a una amenaza creciente.
No hablamos de maniobras retóricas: el Ministerio de Defensa ya reubicó el pasado domingo a militares españoles y a personal del Centro Nacional de Inteligencia desde Erbil a un lugar seguro, y ahora anuncia que la salida del país se producirá en los próximos días. La propia Alianza Atlántica, representada por su portavoz, reconoce que la seguridad del personal es primordial y que se trabaja en estrecha coordinación con aliados y socios.
La misión de la OTAN en Irak (NMI) sigue teniendo por objetivo el asesoramiento y el desarrollo de capacidades —actividad ajena al combate— para que las fuerzas iraquíes puedan estabilizar su país y combatir al terrorismo. España participa en esa labor desde 2015 y contribuye también a la coalición creada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos. No es un despliegue de exhibición: son 178 efectivos cuyo cometido es técnico y formativo, encabezados en su cometido, desde noviembre, por el teniente coronel Juan Álvaro Rodríguez Rodríguez y el comandante Carlos Estebaranz Navarro.
Margarita Robles ha confirmado que las labores de evacuación se llevarán a cabo en los próximos días. Ese gesto, revestido de frialdad táctica, es al mismo tiempo una reivindicación de prioridades: proteger vidas, preservar medios y mantener la cooperación internacional sin exponerse indebidamente a un teatro que se ha vuelto impredecible.
La política de defensa exige, en estos momentos, equilibrio entre solidaridad internacional y deber de custodia sobre nuestros militares. Ajustar una misión que asesora y capacita no significa renunciar a los compromisos, sino garantizar que se cumplen en condiciones que no conviertan a quienes ayudan en víctimas de una espiral de violencia ajena a su mandato. España actúa dentro de la OTAN y con la coalición; actúa con prudencia. Esa prudencia, cuando el riesgo crece, es también un deber patriótico.
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