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España no puede mirar hacia otro lado ante la infancia que se rompe

Los datos de ANAR 2025 dibujan una emergencia silenciosa que exige respuesta inmediata

Redacción Más España

Redacción · Más España

9 de abril de 2026 2 min de lectura
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Los números no entienden de eufemismos ni de complacencias. La Fundación ANAR ha dejado sobre la mesa, con la frialdad de un informe, la radiografía de una infancia acosada: 19.990 niños y adolescentes atendidos en 2025 a través del Teléfono y del Chat ANAR, de los cuales 6.467 presentaban conductas suicidas. Esos datos no son una estadística más: son voces que pidieron auxilio.

La fotografía es sólida y dolorosa. La salud mental fue el motivo principal de las llamadas en las líneas de ANAR, representando el 51,8% de los casos. Dentro de ese territorio sombrío aparecen la conducta suicida (29,6%), las autolesiones (12,3%) y los trastornos de ansiedad (3,2%). ANAR advierte que “los datos son graves y alarmantes”, y dice, con razón, que su presencia evita que muchos menores queden en el silencio.

No se trata de incidentes aislados sino de un empeoramiento sostenido. Entre 2024 y 2025 el número de menores atendidos creció un 8,9% (de 18.348 a 19.990) y las intervenciones de emergencia subieron de 6.956 a 8.411. La conducta suicida aumentó un 25,5% (de 5.153 a 6.467 casos) y las autolesiones se incrementaron un 35,2%, rozando los 4.600 episodios en 2025. Son cifras que exigen, antes que retórica, medidas eficaces.

Detrás de cada cifra hay múltiples problemas: de media, casi cinco problemáticas por menor atendido. Cuando la llamada proviene de los adultos del entorno, la violencia aparece en casi dos de cada tres consultas (63,3%). El maltrato físico y psicológico encabeza la lista (22,2%), seguido de agresiones sexuales (9,7%), abandono (9%) y acoso escolar o ciberbullying (8,8%).

La tecnología, con su doble filo, no es inocente: un uso inadecuado está implicado en el 62,7% de los casos, y la sobreexposición a contenidos violentos hace que muchos niños confundan ficción y realidad. Aplicaciones y plataformas —Whatsapp, TikTok, videojuegos— se convierten en terrenos minados donde el menor puede perderse.

ANAR reclama más red de apoyo y visibilidad. Diana Díaz subraya la necesidad de vínculos familiares como refugio; Sonsoles Bartolomé apunta que, pese a la gravedad, la mayor llegada de llamadas demuestra que ANAR está encontrando a quienes de otro modo quedarían en soledad. Benjamín Ballesteros advierte que “cada año son más” y que la violencia está estrechamente relacionada con este auge.

No son consignas: son exigencias de protección. Si la infancia está marcando un aumento sostenido de emergencias, la obligación de la sociedad y de las instituciones es actuar con urgencia, coordinación y recursos. Que nadie piense en esto como un problema de otros: la salud mental y la integridad de nuestros menores son el primer deber colectivo. Y los hechos, aquí, hablan claro.

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