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España no mira hacia otro lado: Feijóo y María Corina frente a la tiranía

Un acto en Génova que cuestiona la posición del Gobierno y reafirma el compromiso con la libertad venezolana

Redacción Más España

Redacción · Más España

18 de abril de 2026 2 min de lectura
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España no mira hacia otro lado: Feijóo y María Corina frente a la tiranía
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La imagen fue deliberada y medida: Alberto Núñez Feijóo en Génova, tomó la palabra junto a María Corina Machado y dejó la consigna tersa y cortante: "El sitio de España es a su lado y no con la dictadura escondida en el aeropuerto de Barajas". No es una ocurrencia; es una declaración que interpela al Gobierno y a la diplomacia pública.

Feijóo no se limitó a los gestos. Agradeció a Machado «por ser una de las grandes voces de la libertad y la democracia en todo el mundo» y subrayó su coherencia y determinación. Habló, además, de una transición en Venezuela que ha empezado pero que «no está terminada»: reclamó el fin de los presos políticos, el fin del miedo y unas elecciones libres con calendario explícito.

La intervención de Machado añadió el acento combativo: recordó que Venezuela aún debe afrontar «el reto mayor» —terminar el desplazamiento de un régimen derrotado primero espiritual, luego electoral y, en lo reciente, militarmente— y lanzó una llamada clara a los «genuinos aliados del mundo entero» para culminar la libertad. Agradeció, al mismo tiempo, a España por acoger a compatriotas y por hacerlos sentir en su hogar, aunque dejó la meta nítida: "Pero los queremos de vuelta".

Los hechos son sencillos y el escenario, contundente: una recepción en la sede del PP, ovaciones de ciudadanos venezolanos en las puertas de Génova, un himno cantado juntos y un reproche velado al Ejecutivo por no recibir a la premio Nobel de la Paz en su gira europea. No hay exageración retórica: hay posicionamiento político público. Feijóo y Machado fijan una frontera moral y diplomática que obliga a preguntarse dónde queda la voz de España en la escena internacional cuando miles de compatriotas exiliados y la propia dirigencia opositora piden apoyo explícito.

No es menor el mensaje simbólico. Cuando un partido y una exiliada política comparten tarima y himno, envían más que palabras: proyectan una alianza de principios frente a la represión. Y cuando la oposición venezolana reclama aliados «del mundo entero», está señalando que la libertad no es asunto interno exclusivo, sino causa que busca respaldo externo para garantizar su consumación.

Este acto en Génova no cierra la realidad venezolana ni la transforma por sí solo. Pero la fuerza del gesto político está en no disimular; en poner nombre y orientación a las lealtades democráticas. Así se escriben, también, las páginas públicas en tiempos en que la libertad reclama correlatos concretos: apoyo internacional, calendario electoral creíble y la posibilidad de retorno de quienes hoy viven lejos.

Que quede claro: los discursos y las ovaciones no sustituyen la diplomacia ni las decisiones que exige una transición. Pero, frente a la omisión, la palabra y el abrazo público se convierten en términos de verdad. España, por ahora, ha servido de refugio y de tribuna. La pregunta que queda en pie, formulada por la propia escena, es si servirá además de plataforma activa para la vuelta de esos compatriotas y la culminación de la libertad que Machado proclama.

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