Entre bandazos y parches: la inmigración no admite teatro
Regularizar a cientos de miles sin consenso demuestra falta de rumbo y de reglas claras

Redacción · Más España


La regularización extraordinaria de cientos de miles de inmigrantes ha abierto una herida antigua en el tablero público: ¿ordenar a golpe de remedio o prevenir con normas claras? El Gobierno presenta un nuevo "hito" de legislatura, y la medida reaviva la tensión entre lo que prometió en su programa —una migración regular, segura y ordenada— y lo que practica ahora: una corrección masiva sobre una realidad ya consolidada, no una política dirigida a controlar flujos futuros.
No se trata aquí de negar humanidad ni de convertir a quienes llegan en cifras frías. El propio texto recuerda que quienes migran son personas que buscan una vida mejor. Pero la apelación moral no suple la necesidad de planificación: derechos, servicios y convivencia requieren reglas, previsibilidad y pedagogía política. Sin ellas, incluso decisiones nacidas de buena intención erosionan la confianza ciudadana.
De la otra orilla política surge una respuesta distinta y contundente. El acuerdo en Extremadura entre PP y Vox introduce la "prioridad nacional" y restricciones de derechos para inmigrantes irregulares, desplazando el debate hacia una lógica de exclusión y gestión identitaria. Que ese marco gane espacio ilustra, cuando menos, la ausencia de un discurso propio del centro-derecha y la presión de socios que empujan al repliegue identitario.
El resultado es visible: a derecha e izquierda se percibe la incapacidad para forjar un mínimo consenso. Y sin consenso no hay reglas estables; sin reglas estables, la política migratoria oscila entre integrar sin normas y legislar sin integración. El Gobierno, que lleva tres años sin aprobar unos presupuestos, adopta decisiones trascendentes sin un mandato electoral específico que las respalde, y la política queda a merced de improvisaciones que generan inseguridad jurídica y social.
Además, España forma parte de un espacio mayor: Europa. Las fronteras nacionales son fronteras europeas y la gestión de la migración exige responsabilidad conjunta. Difícilmente construiremos soluciones europeas si ni siquiera somos capaces de ponernos de acuerdo dentro de nuestro propio espectro político.
Quien gobierna debe elegir: fomentar una política migratoria coherente, con reglas claras, vías legales y procesos sólidos de integración; o sostener la política de parches y respuestas episódicas que alimentan la polarización. La nación merece, y exige, decisión con fundamento, explicación honesta y política pedagógica. Porque la inmigración no admite teatro: exige Estado con proyecto.
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