El veto legal que dejó sin horizonte al 'oro azul' venezolano
Una norma de 1972 detuvo de golpe una cadena productiva que alimentaba a miles

Redacción · Más España


Un día la red de pesca y transformación que alimentaba a decenas de miles de hogares se mostró robusta; al siguiente, una disposición administrativa la dejó en sombras. Así fue el abrupto frenazo de la exportación del cangrejo azul de Venezuela a Estados Unidos: una normativa de la NOAA —la Marine Mammal Protection Act de 1972— exigió certificación para los exportadores de productos pesqueros y, en agosto de 2025, situó a Venezuela entre los 12 países que no podían enviar mariscos al mercado estadounidense por no contar con la aprobación requerida.
No hablamos de geopolítica ni de sanciones energéticas. Hablamos de una salvaguarda marina con efecto inmediato sobre la vida económica de comunidades enteras. El cangrejo azul, apreciado en EE. UU. por su sabor y precio, había convertido a esa especie en una industria en auge: las exportaciones a Estados Unidos pasaron de US$23,3 millones en 2016 a US$62,4 millones en 2021, mientras que la facturación de productos del mar venezolanos hacia EE. UU. subió de US$267 millones en 2019 a US$423 millones en 2024, según registros oficiales y del Departamento de Agricultura estadounidense.
El golpe fue tangible en la orilla: de unas 20 plantas procesadoras que trabajaban para el mercado norteamericano quedaron apenas dos operativas en enero. Las cifras humanas tampoco son abstracción: alrededor de 15.000 pescadores en 14 municipios —doce en el entorno del lago de Maracaibo y otros en Mérida y Trujillo— salían a faenar para abastecer la cadena de exportación. "Mucha gente quedó en la calle", resumió el presidente de la Cámara de Industriales Productores de Cangrejo (Caiproca), Francisco Martínez.
La respuesta empresarial y asociativa ha sido de adaptación y esperanza contenida. Caiproca anunció que está adecuando procesos "para cumplir con las normativas globales de protección de mamíferos marinos" y confía en poder obtener la certificación en un plazo aproximado de seis meses, según comunicaciones públicas de la agrupación. Mientras tanto, la industria tuvo que cerrar "por completo hasta nuevo aviso" o hasta encontrar mercados alternativos, añadió Martínez.
No todas las faenas marinas se paralizaron: sectores como el camarón continúan exportando miles de toneladas anuales a múltiples destinos. Pero el caso del cangrejo azul evidencia con crudeza la vulnerabilidad de cadenas productivas concentradas en un único mercado y supeditadas a trámites regulatorios ajenos a la dinámina local.
Queda, pues, una pregunta de responsabilidad compartida: cómo reconvertir y blindar una industria que, desde el lago de Maracaibo, llevaba décadas elevando el pulso económico de comunidades enteras. La vía técnico-administrativa —abrir el portal de la NOAA para presentar la documentación, adaptar plantas y prácticas de captura— está sobre la mesa. Pero mientras esos procesos avanzan, las redes de pesca han quedado inermes y miles esperan respuesta concreta para volver a faenar y alimentar a sus familias.
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