Economía

El talento no espera: invertir en mentes como la de 'David da Vinci' es una urgencia nacional

Un niño mexicano de 10 años con coeficiente 162 muestra lo que la nación puede ganar si deja de desperdiciar el talento

Redacción Más España

Redacción · Más España

4 de mayo de 2026 3 min de lectura
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El talento no espera: invertir en mentes como la de 'David da Vinci' es una urgencia nacional
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Hay realidades que reclaman decisiones públicas y económicas tajantes. Un niño de Querétaro, David Camacho —quien prefiere que le llamen 'David da Vinci'— posee un coeficiente intelectual de 162, muy por encima del umbral que la OMS sitúa en 130 para altas capacidades. A sus 10 años no es un rumor: imparte conferencias en universidades y ante organismos internacionales, está a punto de publicar un libro y ha desarrollado una aplicación, Macayos, que nace como respuesta productiva al acoso escolar que sufrió.

No se trata de exaltación gratuita. Se trata de constatar un hecho elemental: el país cuenta con recursos humanos excepcionales que pueden convertirse en ventaja competitiva si hay voluntad institucional. David fue seleccionado para participar en un programa de entrenamiento espacial en la NASA en Houston, donde pilotó un vuelo asistido y experimentó la gravedad cero. Habla al menos cuatro idiomas (español, inglés, francés y alemán) y ya estudia varios más. Su formación actual se cursa en una escuela internacional en línea que lo certificará para ingresar a la universidad.

La trayectoria de David revela también el coste del desconocimiento y la inacción. Desde temprano sufrió acoso escolar en el colegio de sus sueños; sus compañeros no entendían por qué podía aprender más rápido y su reacción fue el bullying. Fue la pandemia, paradójicamente, la que permitió a su madre, Claudia Flores, comprobar la rapidez con la que aprendía —llegaron a contar hasta millones— y buscar orientación especializada que les indicara cómo manejar sus altas capacidades.

De esa experiencia amarga nació una respuesta creativa: Macayos, definida por el propio David como "la primera plataforma digi..." —un proyecto que pretende dar la vuelta al bullying y que estará disponible este año—. No es baladí que una vivencia de exclusión social se convierta en emprendimiento tecnológico con vocación social; es, antes bien, un ejemplo de cómo transformar un fracaso colectivo en un aporte para el bienestar infantil.

El caso interpela a las autoridades educativas y a la política económica: ¿estamos detectando, acompañando y capitalizando estas capacidades? David sueña con realizar la primera cirugía en el espacio y con impulsar iniciativas tecnológicas y empresariales de alto impacto; quiere combinar ciencias, humanidades y negocios. Si estos anhelos se corresponderán con proyectos reales dependerá de la capacidad del sistema para certificar talentos, ofrecer vías académicas aceleradas, proteger psicológicamente a quienes destacan y conectar esos talentos con ecosistemas de innovación y financiamiento.

No hay aquí idealizaciones: David insiste en su modestia y en que "los genios ya están en la tumba"; sabe que tiene vida por delante para construir. Pero su ejemplo es suficiente para plantear una decisión de país. Invertir en detección temprana, programas especializados, apoyo psicosocial y plataformas que traduzcan el talento en emprendimiento tecnológico y científico no es gasto cultural: es inversión económica con retorno social.

Que un niño de diez años represente ya una promesa internacional —con experiencias en la NASA, conferencias en foros de peso y un proyecto tecnológico propio— debería sonar como una alarma y una oportunidad a la vez. Si la nación no organiza rutas claras para que talentos así no se pierdan entre el bullying, la desatención o la improductividad, estaremos renunciando a futuro. La política pública tiene que estar a la altura: detectar, proteger, nutrir y canalizar. No por devoción a la élite, sino por sentido común patriótico y por economía: cultivar mentes brillantes hoy equivale a construir empresas, descubrimientos y bienestar mañana.

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