El Supremo, el fiscal y el ministro: escena de un juicio que no acepta rebajas
Crónica de una sesión en la que afloraron audios, reproches y la negativa a mitigar la petición contra Aldama

Redacción · Más España


Si este juicio fuera una película, la sesión fue su clímax: silencio sepulcral, enfrentamiento directo y un tribunal que no admite atajos.
José Luis Ábalos compareció en el Tribunal Supremo con gestos teatrales y voz cavernosa. Empezó sonriente, parloteando con Koldo; después volvió al banquillo confiado, ofendido, presentándose como víctima de Aldama y del amor. Se defendió con afirmaciones concretas: “Vengo solo en mi coche, no tengo secretaria, no tengo a nadie detrás”, y negó reconocer algunos audios que le atribuyen frases comprometidas. Reivindicó su versión sobre la vida con Jésica: negó noches en el pisito de plaza de España y dijo que le pidió a Koldo un empleo “que no tuviera nada que ver con el Ministerio”.
El fiscal Luzón, inquisitivo y a veces irónico, sometió a Ábalos a la lectura de audios relevantes. Uno dejó una frase memorable: “Tu hijo tiene que tener dinero tuyo, por cojones. Si no te gastas 474.000 euros en dos años”. Ábalos rechazó reconocer esos audios; admitió, eso sí, la “cultura del papel” cuando se le interpeló por folios que se reprodujeron en sala.
La pieza más tangible que emergió del contraste de versiones fue la referencia a 94.000 euros “sin justificar”, invocada por Ábalos como lo único encontrado en torno a las mascarillas. También surgió la mención a casos puntuales, como Air Europa, y la defensa de Ábalos hacia el PSOE y el presidente, hasta el punto de que Leticia de la Hoz parafraseó declaraciones de Sánchez en relación con el chalé de La Alcaidesa.
Koldo, que había sido protagonista de aspavientos, escuchó ahora en silencio; se acercó a Ábalos en el receso y éste lo calificó de leal: cuando alguien “te sirve, te da protección, te cuida... a veces eso lleva a situaciones curiosas”, dijo. La relación entre ambos quedó perfilada en la frase que Ábalos ofreció como síntesis: “Siempre va Koldo”.
A media tarde el Supremo se revolucionó: a pesar de las apelaciones del fiscal Luzón, no se permitió rebajar la petición de condena para Aldama en atención a su acreditada colaboración con la Justicia. Teresa Peramato fue tajante en esa decisión. Para quien esperaba equilibrios institucionales, quedó la constancia de que las estrategias de defensa, los audios y las actitudes personales no bastaron a la hora de alterar una petición procesal sostenida por la Fiscalía.
Cuando se reprodujo, a instancia de Choclón, un largo audio grabado por el entonces asesor —una conversación Koldo-Ábalos con referencias a barriles de petróleo y Guaidó—, la sala volvió a tensarse. Ábalos replicó con incredulidad y preguntas retóricas: “¿Qué me quieres decir? ¿Que porque hemos mediado me va a caer algo?... ¿Estamos hablando de 500.000 euros al mes?”.
La sesión dejó, en suma, una mezcla de teatralidad y material probatorio: declaraciones vehementes, audios reproducidos y una decisión judicial clara sobre la niega de atenuación de la petición contra Aldama. Y, como dijo Ábalos en algún momento, los lugares y el prestigio pueden ser efímeros y pasajeros; lo que aquí queda es la constancia de lo que consta en acta y audio, y la firme resolución del tribunal de no suavizar una petición que la Fiscalía mantiene.
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