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El silencio de Washington tras la tragedia de Minab: ¿cobardía institucional o cálculo político?

Dos meses de evasivas mientras 110 niños figuran entre los muertos en una escuela alcanzada por un misil

Redacción Más España

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29 de abril de 2026 3 min de lectura
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El silencio de Washington tras la tragedia de Minab: ¿cobardía institucional o cálculo político?
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El hecho es estremecedor y está documentado: un misil impactó una escuela primaria en Minab el 28 de febrero y dejó 168 muertos, entre ellos —según las autoridades iraníes— unos 110 niños. Dos meses después, la respuesta pública de Washington se reduce a una frase repetida por el Departamento de Defensa: "este incidente está actualmente bajo investigación".

Esa fórmula burocrática, neutra en apariencia, ha encendido la crítica de exfuncionarios estadounidenses. Cinco de ellos, entre ellos un exabogado militar de alto rango, han señalado que resulta inusual que no se divulguen siquiera detalles básicos pasado tanto tiempo. La teniente coronel Rachel E. VanLandingham lo resumió: la postura de la administración se "apart a notablemente de la respuesta habitual" y lo que falta es un compromiso con la rendición de cuentas y con medidas que impidan la repetición de tragedias similares.

La prensa estadounidense informó a principios de marzo que investigadores militares creían que fuerzas de Estados Unidos probablemente fueron responsables del impacto involuntario, si bien no existía una conclusión definitiva. La BBC, por su parte, confirmó de forma independiente un video que muestra un misil Tomahawk estadounidense impactando la base de la Guardia Revolucionaria Iraní contigua a la escuela. Asimismo, medios citando a funcionarios militares anónimos informaron que una investigación preliminar había determinado que un misil estadounidense alcanzó la escuela.

Preguntado, el presidente Donald Trump lanzó afirmaciones contrarias: el 7 de marzo declaró que, en su opinión, Irán era el culpable, sin aportar pruebas. Días después, al preguntar sobre un video del impacto, dijo "No lo he visto" y afirmó, sin pruebas, que Irán poseía misiles Tomahawk. El 11 de marzo afirmó no tener conocimiento sobre los informes que aludían a una investigación interna que apuntaba a Estados Unidos.

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, también se limitó a repetir que "lo estamos investigando" y negó haber atacado objetivos civiles. Pero el propio Departamento de Defensa ha rehusado responder a numerosas preguntas de la BBC: si la base contigua a la escuela era uno de sus objetivos previstos aquel día, por qué no ha facilitado información básica en un plazo en el que, en casos previos, el Pentágono había divulgado mucha más información en menos de un mes, según la revisión de la BBC.

Expertos consultados por la BBC subrayan procedimientos habituales: cuando hay indicios de que se ha producido daño a civiles y de que tropas estadounidenses operaban en la zona, se inicia una investigación formal. Para algunos exasesores, el hecho de que exista una investigación preliminar implica que las autoridades ya consideran plausible la implicación estadounidense; negarse a comentar, sostienen, resulta inaceptable.

No se trata de instrumentalizar la tragedia ni de emitir juicios desde la tribuna sin evidencia probada. Se trata, simplemente, de exigir lo elemental: transparencia, rendición de cuentas y explicaciones ante una pérdida masiva de vidas civiles, muchas de ellas infantiles. Cuando hay vida humana de por medio, la omisión informativa por parte del Estado no es una táctica neutra: es una afrenta a las víctimas y una merma de la credibilidad institucional.

Que Washington guarde silencio prolongado, mientras aparecen videos que requieren aclaración y los propios exfuncionarios piden respuestas, plantea una pregunta urgente para cualquier gobierno que pretende presentarse como defensor del derecho humanitario: ¿cómo se construye autoridad moral en el mundo si se esquiva la verdad cuando más importa? La respuesta no admite dilación ni eufemismos.

En rigor de hechos, solo hay certezas provisionales: hay un ataque, hay víctimas, hay una investigación en curso y hay voces internas que critican la opacidad. Lo que falta es lo que exige la decencia pública: explicaciones claras, datos verificables y la garantía de que se investigará hasta el final para que tragedias así no queden sin respuesta.

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