El secreto vacío del 23-F: desclasificación sin sobresaltos
Los papeles abiertos confirmaron lo sabido; los grandes beneficiarios políticos emergen sin misterio

Redacción · Más España


Un secreto vacío —esa fórmula que ya usó George Simmel— es invulnerable porque no contiene nada. Aplicada al 23-F, la expresión encaja como un guante: la desclasificación de los documentos no ha desvelado un misterio definitivo porque, sencillamente, no había uno que quedara por desvelar.
El pasado 20 de noviembre el autor del libro sobre el episodio pidió al presidente Sánchez la apertura de los archivos. Avisó entonces que la interpretación esencial no cambiaría; hoy cabe decir que la desclasificación no añadió ni un matiz relevante a lo que ya se sabía. Buena parte de lo publicado estaba, en realidad, en manos de quien había querido buscarlo: informes ya difundidos —como la conocida “Panorámica de las operaciones en marcha”— y anotaciones que la historiografía y la prensa de la época ya habían mostrado.
Al abrir los papeles afloraron documentos anecdóticos y otros que ratifican lo conocido: una nota, fechada el 11 de mayo de 1981, sobre la inquietud del Partido Comunista ante un bulo —que había corrido abundantemente en la prensa— según el cual el Rey estaría implicado en el golpe. Sea cual sea su verosimilitud, la existencia de ese rumor y la preocupación democrática que suscitó no eran un descubrimiento.
La desclasificación dejó claro algo que debe decirse con frialdad: el papel del Rey en los meses previos fue polémico y discutible; cometió errores que contribuyeron al clima que permitió la asonada. Pero, y esto también lo muestran los documentos, Juan Carlos I no montó el golpe: fue quien, en último término, pudo desmontarlo. Esa doble realidad, incómoda para muchos, figura en los papeles sin que provoque una conversión narrativa.
El ejercicio público tras la apertura fue, en su mayor parte, el que cabía esperar. Periodistas escudriñaron con diligencia; políticos reaccionaron según sus precedentes: hubo quien habló de una operación de blanqueo —en el caso concreto, Enrique Santiago utilizó esa expresión— y quien expresó desilusión abierta: Mertxe Aizpurua dijo, textualmente, “Ha sido una decepción”. Incluso los historiadores académicos, escasos en trabajos contundentes sobre el golpe, parecieron una de las sorpresas menores de esta fase de exposición documental.
Al final, la desclasificación no ha roto el relato conocido ni ha dejado sitio para un secreto mayor. Lo que ha hecho es clausurar, en parte, determinados asideros de la conspiranoia y dejar que la discusión vuelva al terreno de lo verificable. Y en ese terreno, políticamente, han salido beneficiados actores concretos: entre ellos, Juan Carlos I y Pedro Sánchez, cuyas posiciones públicas se han visto reforzadas por la confirmación de lo ya sustentado por la documentación.
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