El revulsivo internacional que apaña un PSOE en hora baja
La Cumbre Progresista de Barcelona insufla ánimo a un partido que vuelve al juicio y a la campaña andaluza

Redacción · Más España


La Fira de Barcelona fue, por unas horas, un antídoto frente al malestar doméstico. La foto es clara: referentes progresistas de distintos continentes, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva entre ellos, y un Pedro Sánchez que recoge aplausos y elogios que, según algunas voces socialistas, elevan la autoestima de un partido a la baja.
No es para menos: en el seno del PSOE se lee la cumbre como un “subidón de adrenalina” y un “fin de semana de rearme ideológico”. Desde ministros hasta secretarias autonómicas reconocen que asistir a decenas de encuentros instituyentes y de partido ha servido para confirmar una percepción: España y su Gobierno son referenciales para sectores del progresismo internacional. Ese reconocimiento externo ha tenido un efecto directo en el ánimo interno: “nos ha servido para subir la autoestima y demostrarnos que no estamos solos”, explican cargos del partido.
Pero no se debe confundir el estímulo con la victoria rotunda. El regreso al “vía crucis” de la política nacional es real: la tercera semana del juicio contra José Luis Ábalos y el horizonte inmediato de las elecciones andaluzas mantienen a los socialistas en una situación de tensión. El objetivo en Andalucía, según la información, no es tanto ganar como evitar que Juan Manuel Moreno repita mayoría absoluta. Las encuestas continúan marcando dificultades y la dirección federal advierte: no es momento de echar las campanas al vuelo.
La importancia del efecto internacional es política y simbólica. En Barcelona se habló de que el Gobierno español transmite esperanza desde Argentina hasta Bélgica, que representa una alternativa posible. Iratxe García, presidenta del Grupo de Socialistas y Demócratas, lo sintetiza: el PSOE no está aislado, pese a los intentos políticos del PP por situarlo así. Ese argumento se emplea para contraponer la versión del aislamiento con la realidad del respaldo internacional que reclamaron y obtuvieron los socialistas.
La cumbre ha servido, además, como vacuna contra el ruido de las redes y los reveses recientes: más de 5.000 asistentes en el plenario, según la dirección, y afluencia constante durante las jornadas. Para la dirección del partido, ese lleno masivo y voluntario representa prueba de que aún existe base y mobilización militante.
No faltaron las réplicas en clave de campaña: Sánchez, en mítines y actos posteriores, ha usado el envión para marcar la agenda frente a la derecha y la ultraderecha, señalando, entre otras cosas, la oposición del PP y Vox a políticas de inmigración defendidas por el Gobierno. Ese contrapunto público forma parte de la estrategia que los socialistas han extraído de la Cumbre: utilizar el respaldo internacional como argumento para rearmar la batalla narrativa y electoral en España.
Conclusión inevitable: la inyección de ánimo internacional no borra ni encoge los problemas domésticos. Funciona como bálsamo y como recurso retórico; sirve para recuperar orgullo y cohesión momentánea. Pero la política cotidiana —juicios, encuestas, campañas autonómicas— exige resultados y estrategias internas sostenidas. El tirón internacional es un empujón valioso, no una vacuna definitiva contra la realidad política española.
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