El PSOE en la encrucijada: sobres, pelotazos y pruebas en el Supremo
Un desfile de cargos y ex cargos que obliga a mirar dentro de la casa socialista

Redacción · Más España


Hoy el Tribunal Supremo no es solo un escenario judicial: es una radiografía implacable del poder interno del PSOE. Frente a frente, acusados y testigos, nombres propios que han ocupado puestos centrales en la máquina partidaria y en el Gobierno, llamados a explicar ante el Alto Tribunal hechos que la noticia pone sobre la mesa sin ambages.
José Luis Ábalos y Koldo García mantienen su asiento de acusados en el Caso Mascarillas; enfrente, desfilan quienes fueron sus colaboradores o responsables orgánicos: Carlos Moreno, Ricardo Mar, Pedro Saura, Mariano Moreno y Celia Rodríguez, entre otros. No es un acto académico: son declaraciones que pueden confirmar o desmentir la trama de relaciones y transferencias que el sumario describe.
La acusación que señala a Mariano Moreno —denunciado por Víctor de Aldama por la entrega de 25.000 euros en 2020 a cambio de un supuesto aplazamiento de una deuda— y la respuesta del propio involucrado, que remitía cualquier decisión a su entonces ministra, María Jesús Montero, plantean la cuestión de la cadena de mando dentro del Ejecutivo y del partido. El empresario declaró que el aplazamiento fue concedido; Moreno afirmó que debía consultar con su jefa antes de mover ficha.
Ricardo Mar aparece en el relato como receptor de 6.000 euros en efectivo, según la pieza instructora, tras reuniones de la trama en Marbella y por gestiones en favor de Air Europa. También se le sitúa como facilitador para que la trama intentase colocar a un conocido en Adif. Son hechos que, de confirmarse, muestran cómo redes de influencia y favores pueden tejerse desde la proximidad a cargos públicos.
Pedro Saura, cuyo nombre aparece profusamente en los sumarios, es señalado como pieza clave en las operaciones relacionadas con la trama: fue canal de negocios con Baleares en el Caso Mascarillas y figura en informes que vinculan su salida como secretario de Estado a presiones de la trama por su resistencia a favorecer adjudicaciones. El propio material intervenido recoge intercambios vinculando su mediación con la actuación de responsables autonómicos.
Celia Rodríguez, secretaria encargada de entregas, y la admisión por parte del ex gerente del partido de posibles descuadres en caja apuntan a una práctica de entregas en efectivo cuya trazabilidad exige ahora la lupa judicial. Son piezas del rompecabezas que configuran una imagen incómoda: entregas, mediaciones y adjudicaciones que se cruzan entre partido, Gobierno y empresarios.
Que estas declaraciones se produzcan en el Supremo añade gravedad y dimensión institucional al episodio: no se trata ya de rumores o denuncias periféricas, sino de testimonios y acusaciones que se registran en el más alto órgano judicial. Queda por ver qué aportan finalmente las comparecencias: si corroboran sospechas, si desarman relatos o si, en todo caso, obligan a rendir cuentas claras dentro del PSOE y ante la opinión pública.
La propia presencia de tantas figuras del partido y del Gobierno en un mismo trámite es, en sí misma, una llamada de atención. Cuando la política se aparece en sede judicial, el deber de transparencia y explicación no admite atajos. El país observa; la Justicia procede. Corresponde ahora a los hechos probados —y solo a ellos— dictar consecuencias.
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