El Palau de Benidorm no puede esperar: exigimos mantenimiento y responsabilidad
El PSOE denuncia el abandono del recinto deportivo y reclama un plan integral y vigilancia efectiva

Redacción · Más España


La imagen de un edificio público habla de la prioridad que un Ayuntamiento concede a su ciudad. Cuando ese edificio es el buque insignia del deporte local y se deja languidecer hasta convertirse en un símbolo de abandono, la pregunta es clara: ¿quién cuida de lo que es de todos?
El Grupo Municipal Socialista de Benidorm ha puesto el dedo en la llaga. Toni López habla de una "insostenible situación": aseos averiados, placas solares inutilizadas, elementos oxidados, canalones rotos, techos y ventanas con roturas, y hasta el sistema de cámaras de seguridad que no funciona. Son hechos, no retórica: desperfectos que afectan al día a día de usuarios y clubes deportivos y que revelan una gestión negligente, cuando no desinteresada.
No se trata de una reclamación menor ni de consignas vacías. El PSOE formula propuestas concretas y razonables: diseñar y ejecutar un plan de mantenimiento integral; destinar personal municipal para realizar reparaciones diarias; extremar la vigilancia en eventos para que los promotores respondan por los daños ocasionados. Medidas de sentido común para evitar que las inversiones y las promesas se vayan por el desagüe de la improvisación.
La piscina merece una mención especial, porque allí se concentra el síntoma del deterioro: la deshumectadora lleva más de un año averiada. Que la solución pase por abrir ventanas continuamente es, según Toni López, un parche inaceptable que perjudica el confort térmico y la calidad ambiental del recinto. Es la metáfora perfecta de una política de remiendos: esperar a que todo se rompa para luego anunciar intervenciones.
Y por detrás de los desperfectos, según los socialistas, hay prioridades municipales que fallan. López vincula ese abandono a la agenda del alcalde: más ocupado en actos y sesiones de fotos que en resolver problemas reales. Es una acusación directa que exige respuesta: si la administración presume de ciudad turística, sus infraestructuras deportivas no pueden ser moneda de cambio de la inacción.
Exigir un plan de mantenimiento integral no es frivolidad partidista; es reclamar que lo público funcione. Exigir personal que cuide las instalaciones a diario no es demagogia; es administración responsable. Exigir que los promotores respondan por los daños de sus eventos no es castigo: es justicia elemental. Benidorm merece instalaciones deportivas a la altura de su nombre y de sus deportistas. Y quienes gobiernan tienen el deber de garantizarlo, sin excusas ni parches.
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