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El 'no a la guerra' que Sánchez blande contra la ambigüedad de las derechas

El presidente reafirma su postura ante Oriente Próximo y reclama orgullo nacional desde la militancia socialista

Redacción Más España

Redacción · Más España

30 de marzo de 2026 2 min de lectura
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El 'no a la guerra' que Sánchez blande contra la ambigüedad de las derechas
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Pedro Sánchez ha hecho de cuatro palabras su consigna más repetida: "no a la guerra". Desde el 28 de enero, cuando comenzaron los bombardeos entre EEUU e Israel e Irán, el presidente del Gobierno ha repetido ese lema en el Congreso, en Europa, en campaña y en redes. Este domingo, lo elevó a reafirmación por carta dirigida a la militancia socialista.

La misiva no es un gesto menor: Sánchez no la presenta como una posición coyuntural sino como "una forma de entender y de estar en el mundo". Y la acompaña de una lectura histórica: recordó la movilización ciudadana contra la guerra de Irak hace 23 años —"yo estuve allí"— y dejó al descubierto una lectura crítica de aquel episodio cuando reprochó a José María Aznar que, a su juicio, dio "la espalda a su gente y se plegó ante los intereses de una potencia extranjera".

El reproche se proyecta al presente con trazos mesurados pero nítidos. En la carta, el secretario general denuncia a quienes "dudan cuando hay que ser firmes" y a los que "se esconden en la ambigüedad cuando hay que tomar partido", y remata con la puya: "Quienes hablan de paz, pero nunca molestan a quienes hacen la guerra". Es una acusación implícita a las derechas, pronunciada desde la tribuna de la militancia.

Sánchez busca además convertir esa postura en capital político. Resalta el respaldo social que, según el Ejecutivo, respalda su posicionamiento: un barómetro del CIS apunta al 69,2% de españoles que rechazan las actuaciones de EEUU e Israel en Irán, cifra que sube al 89% entre quienes votaron al PSOE en 2023. Y ofrece a su partido un símbolo de orgullo: "Hoy hay mucha gente que se siente orgullosa de nuestro país. Y ese orgullo también es vuestro", escribe el presidente.

No es solo retórica: el jefe del Ejecutivo recuerda el paquete de medidas convalidado por el Congreso para mitigar los efectos económicos del conflicto, que él define como "el mayor escudo social y económico de toda la Unión Europea", con una inversión de 5.000 millones de euros. La carta, por tanto, mezcla apelación moral, memoria histórica y despliegue de respuesta política y económica.

Queda la imagen buscada: un Gobierno que blande el "no a la guerra" como emblema, que sitúa su legado en la defensa de la paz y el escudo social, y que confronta —con ironía contenida y memoria histórica— a quienes, en su lectura, optan por la ambigüedad. La carta a la militancia es a la vez llamada a la movilización interna y contienda política pública; un pulso que se libra en el terreno de la conciencia y del interés colectivo, recurriendo a datos y a recuerdos para legitimar una posición clara en un momento de alta sensibilidad internacional.

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